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esquizofrenia

Nacer en invierno puede tener consecuencias sobre la salud mental, según concluye un estudio publicado por científicos de la Universidad de Granada. Los nacidos entre enero y marzo tienen más posibilidades de sufrir esquizofrenia durante la edad adulta, lo que podría estar relacionado con la falta de vitamina D.
Los investigadores, que publican su estudio en la revista Progress in Neuro-Psychopharmacology & Biological Psychiatry, recopilaron datos sobre más de 300 personas hospitalizadas entre 1998 y 2006. Además de observar que una gran proporción de pacientes con esquizofrenia cumplía años en invierno, los resultados también revelaron que los nacidos durante la postguerra, un periodo con mayores restricciones alimentarias, también tenían mayor probabilidad de desarrollar la enfermedad.
Según los autores, estos resultados se explicarían por déficits nutricionales. Durante el invierno hay menos horas de luz solar y el cuerpo produce menor cantidad de vitamina D, cuya carencia está relacionada con el desarrollo de la enfermedad. Este hecho también podría explicar la mayor cantidad de esquizofrénicos en los países del norte. Además, otros estudios han demostrado que cuando la madre tiene un peso bajo y déficits nutricionales, el niño tiene mayor probabilidad de sufrir esta enfermedad mental.
“El mayor riesgo podría ser un efecto de diversos agentes ambientales que actúen durante la  gestación, tales como complicaciones obstétricas, infecciones virales (en particular durante el segundo trimestre de embarazo) o déficits nutricionales” ha explicado a SINC José María Martínez Ortega, uno de los autores.
Este trabajo amplía el estudio realizado por investigadores de la Universidad Vanderbilt en Tennessee (EE UU) que analizó la relación entre la alteración del reloj biológico y la fecha de nacimiento.

Fuente: http://www.muyinteresante.es/ciencia/articulo/los-nacidos-en-invierno-tienen-mas-riesgo-de-padecer-esquizofrenia

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Hay personas que se pueden encontrar afectadas por una enfermedad mental grave, lo que acarrea su  falta de aptitud para dirigir su persona o administrar sus bienes.

Aveces se trata de personas respecto de las cuales el médico psiquiatra que lo asiste,  le ha prescripto una o más internaciones en clínicas psiquiátricas. En otros casos, el es juez de la causa quien ordena la internación, cuando existe peligro de que el enfermo se dañe a sí mismo o a terceros. Es en este caso donde interviene el psicologo jurídico.

El psicologo deberaprobar  si aquella persona estaba o no en sus facultades mentales en  momento que administro su bienes. Para ello deberá investigar, por ejemplo a traves de testigos.

Para iniciar un juicio de insanía es preciso acompañar certificados de  dos médicos psiquiatras particulares, y luego el juez designará a tres facultativos (peritos médicos psiquiatras) quienes examinarán al paciente en forma directa, procediendo a la exploración psiquiátrica y psicológica del mismo, a fin de emitir un dictamen médico-legal conjunto que presentarán en el juicio.

En coherencia con el criterio de la OMS, el maestro Vicente Cabello, en su tratado de psiquiatría define que la enfermedad mental implica:

· un proceso funcional (esto es psicógeno puro) u orgánico
que se evidencia clínicamente mediante una constelación
signo sintomática
· tipificada, esto es, definida previamente y accesible a través
de los pasos psico semiológicos clásicos (síndrome, diagnósticos
presuntivos y diferenciales, diagnóstico definitivo)
· con etiología reconocida o postulada (con ello mantiene una
posición de apertura al progreso del conocimiento científico de
las causas inductoras y/o productoras de la patología)
· producción de una alteración de la personalidad como consecuencia
del proceso
· limitación (imposibilitación) en quien lo sufre de adoptar
una conducta acorde con los valores sociales en vigencia.

 

Partiendo de los artículos 141CC y 152 bis, inciso 2ºCC

152 bis. Podrá inhabilitarse judicialmente:
1º ….
2º A los disminuidos en sus facultades cuando sin llegar al
supuesto previsto en el art 141 de este código, el juez estima
que del ejercicio de su plena capacidad pueda resultar
presumiblemente daño a su persona o patrimonio;

La demencia psicojurídica (art. 141)

Lo expuesto hasta ahora señala con claridad que la demencia psicojurídica, que conduce a una declaración de insania, implica cumplimentar dos condiciones básica, en donde la segunda condiciona a la primera. En efecto, es demente en sentido psicojurídico aquella persona que padeciendo una enfermedad mental carece de aptitud para dirigir su persona o administrar sus bienes. En efecto, la enfermedad mental debe privar a la persona de esa capacidad.
No encuadran en consecuencia en estos considerando aquellos enfermos mentales que mantienen, aún en forma limitada su capacidad para dirigir ya sea su persona, ya la administración de sus bienes.

Muchas psicosis pueden pasar desapercibidas y hasta algunas formas de psicosis como las paranoias no impiden en absoluto a quienes la padecen, el cuidado de la propia persona y/o la dministración de sus propios bienes y, en tal sentido, no encuadrarían en las previsiones del art. 141 CC.

Por otra parte cabe tener presente que el perito no debe sustituir al magistrado y por ello debe ilustrarlo en lo que hace tanto a la enfermedad mental que observa, como a la pérdida total de la capacidad a que hace referencia el segundo ideograma –el condicionante del primero– pero sin pronunciarse de modo taxativo sobre si el examinado es no demente en sentido jurídico.

La tarea pericial reclamada en el juicio de insania –en opinión de este autor–, se tornaría más fructífera si los profesionales interrelacionaran en el examen, con los medios que provee el arte psicopsiquiátrico, con los conceptos psicojurídicos que rigen para la capacidad del peritado para la producción de un hecho jurídico (art. 897 / 900 CC), esto es, de la intención, el discernimiento y la voluntad e, incluso, del estado de perfecta razón, de que habla el art. 3615 CC en
relación a la capacidad de testar.Es esperable que en el informe se señale si ésta goza en el momento actual del estado de perfecta razón que postula el art. 3615 del CC, y si posee el discernimiento, la intención, y la libertad, de los que hablan los arts. 897/900 del CC

897.- Los hechos humanos son voluntarios o involuntarios.
Los hechos se juzgan voluntarios, si son ejecutados
con discernimiento, intención y libertad.

En tal sentido, se entiende por discernimiento la facultad que tienen las personas para apreciar las consecuencias de sus actos, lo ual implica poder juzgar diferencias existentes entre valores tales como el bien y el mal, lo justo y lo injusto.

En lo que respecta a la intención, ésta puede ser analizada desde una doble perspectiva: a) como un simple querer del sujeto o, b) como forma de entender y prever las consecuencias del obrar. Si bien algunos autores vinculan a la intención con el discernimiento, diferenciándolo de la voluntad, sostiene Aguiar que el discernimiento y la intención se unen en un plano de sucesión, por lo que la ausencia de discernimiento impide la intencionalidad.

En cuanto a la libertad, entiéndese a ésta como la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra y/o de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.

3615.- Para poder testar es preciso que la persona esté en su perfecta
razón. Los dementes sólo podrán hacerlo en los intervalos
lúcidos que sean suficientemente ciertos y prolongados para
asegurarse que la enfermedad ha cesado por entonces.
Otro apartado de la ley a tener en cuenta.
151.- La sentencia sobre demencia y su cesación, sólo
hacen cosa juzgada en el juicio civil, para los efectos declarados
en este código, mas no en juicio criminal, para
excluir una imputación de delitos o dar lugar a condenaciones.
En síntesis, se postula un juicio de insania, cuando se comprueba que una persona presenta la denominada ‘‘demencia’’ en sentido jurídico, concepto en donde prima la no capacidad por parte de una persona para manejar su persona y administrar sus bienes, anclado quél en una enfermedad mental, entendida ésta conforme lo descripto en los inicios del presente capítulo.

Pueden iniciar el juicio de insanía:

– El cónyuge no divorciado.

– Los parientes, incluso los adoptivos.

– Cualquier persona del lugar donde vive el presunto insano,  cuando éste sea  furioso o cause perjuicio a sus vecinos.

Fuentes:

http://www.abogados-abogados.com.ar/Juicios-de-Insania/

http://www.portaldesaludmental.com.ar/index.php/datos/111-criterios-insania.html

Más información: http://www.ciencias.org.ar/user/files/33%20Ach%C3%A1val.pdf

 

 

Paola Bustos – La psicóloga forense, de nacionalidad colombiana, visitó La Paz junto a otros expertos extranjeros, invitados por la corporación Conciencia, entidad que trabaja en la sede de gobierno con profesionales para dar seminarios y asesorar a entendidos en la administración de justicia

La Paz. Paola Bustos destaca la importancia de la psicología forense.

Entrevista por Diario La razón:

— ¿En qué consiste la Psicología Jurídica y la Forense?

— La Psicología Jurídica es una especialización de la Psicología que estudia el comportamiento humano relacionado con la ley y, de ahí, nace un subcampo que es la Psicología Forense, con la que los profesionales dan su opinión en tribunales penales, civiles y laborales a solicitud de las partes.

— ¿Cuál es su rol?

— Somos coadyuvantes de la justicia en las diferentes áreas del derecho, por ejemplo, en el área penal, casos relacionados con delitos violentos inscritos en el Código Penal, cuestiones laborales, testamentos, interdicción, familia, adopciones, divorcios y otros.

— ¿Es preciso que el personal judicial y policial se capacite en esa rama de la Psicología?

— Las personas que lo ejercen son los psicólogos, los que darán su opinión en los tribunales. Sin embargo, se necesita que los abogados, jueces, fiscales tengan este conocimiento para debatir en las audiencias. Si hay un interrogatorio o una demostración de pruebas en el área penal y el abogado no tiene conocimiento, entonces no podrá debatir o evaluar el caso.

— ¿Qué conclusiones saca un psicólogo forense durante un determinado proceso judicial?

— Evalúa la salud mental del acusado, la personalidad, ira, intenso dolor, depresión o emoción interna. La Psicología Forense es un instrumento para la justicia.

— ¿Cuál es el campo de acción de este instrumento jurídico?

— Su mayor campo de acción son los delitos violentos como los homicidios, agresiones o asaltos sexuales a adultos y niños y violencia intrafamiliar; en esos delitos se ven inmersas muchas condiciones psicológicas que deben ser aclaradas en juicios.

— ¿Cómo coadyuva este instrumento en esclarecer casos?

— Se puede evaluar el estado psicológico de los agresores. Es muy diferente que la persona planee el delito a que actúe impulsada por problemas mentales o psicopatológicos porque, en el segundo caso, el delito no se planea, no es voluntario, sino es espontáneo. Pero cuando uno está en sus cabales y quiere delinquir, pues es diferente su condición en el proceso. La personalidad también cuenta, hay sujetos que tienden a cometer más delitos que otros.

— ¿La evaluación afecta al fallo?

— El fin primordial de este instrumento es orientar al juez o al tribunal en la toma de decisiones, nosotros les mostramos las condiciones psicológicas del acusado y de la víctima y ellos (jueces) deciden; adquieren ese conocimiento adicional para emitir el fallo final.

— ¿Es un instrumento vital en los procesos judiciales?

— Donde haya una duda o un conflicto a nivel de comportamiento de la persona, es fundamental el psicólogo forense porque va a ayudar a dilucidar la verdad y orientará al juez en las decisiones.

— ¿Cómo se usa este instrumento en la región y en Bolivia?

— En Colombia y Argentina están un paso adelante en relación con Bolivia; aquí lo que falta es apoyo a la investigación en el nivel académico para usar de forma adecuada este instrumento. En Sudamérica es una disciplina nueva.

— ¿Qué impresión tiene del trabajo que se realiza en Bolivia, se está trabajando para aplicar la Psicología Forense?

— Varios profesionales me han comentado que los psicólogos están ingresando en este campo, pero la mayoría no está formada para estar en el contexto de evaluación judicial; están yendo psicólogos clínicos a juicios y no les está yendo bien porque no conocen la dinámica e instrumentos forenses para aplicar la evaluación.

— ¿Qué se recomienda a los profesionales y al sistema judicial de Bolivia?

— Hay voluntad de formarse y especializarse, pero el psicólogo forense debe saber que juega un papel importante en el sistema judicial y que puede ser perito. Los operadores y la justicia deben dar cabida al psicólogo para resolver los casos y ayudar en la investigación. Es un instrumento para dilucidar la verdad.

— ¿Hay riesgo de que un psicólogo tome partido en favor de una de las partes del proceso?

— En Bolivia y en otros países, a solicitud de los abogados, hay psicólogos que modifican sus evaluaciones y las cambian para beneficiar a alguna de las partes; eso está mal, la justicia debe ser objetiva, clara e imparcial, esa problemática se debe ir erradicando. Ahí se precisa a otro profesional para refutar.

— En 2011 un periodista apareció muerto en La Paz por una explosión de dinamita. Concluyeron que fue un suicidio, pero quedaron dudas, ¿ese tipo de casos pueden ser resueltos?

— Existe la autopsia psicológica que puede establecer la condición emocional de la persona a la hora de la muerte y se puede esclarecer si fue suicidio u homicidio. En este caso se debería ver si la persona estaba triste, si tenía dificultades, cómo lo percibió su entorno en los últimos momentos y así llegar a una conclusión de la salud mental.

Perfil

Nombre: Paola Bustos

Nació: 29-julio-1977

Profesión: Psicóloga

Cargo: Perito y docente

Una maestría en el área jurídica

Bustos nació en Bogotá, Colombia, es licenciada en Psicología y tiene una maestría en Psicología Jurídica. Trabajó 14 años en la administración carcelaria de su país, donde asesoró en el tratamiento penitenciario de internos. Actualmente se dedica a la docencia en universidades privadas de Colombia. Asimismo, realiza peritajes en su área de especialización. Está interesada en hacer estudios forenses transculturales con los países de la región.

Fuente: http://www.la-razon.com/nacional/seguridad_nacional/psicologo-forense-fundamental-dilucidar-verdad_0_1621037956.html

criminales

La psiquiatria forense criminal esta orientada a evaluar y analizar hechos criminales en un contexto de salud mental. Las actividades principales son la determinacion del estado mental al momento de los hechos o imputabilidad y la determinacion de competencia para ser juzgado o la procesabilidad.
IMPUTABILIDAD

Es definir de manera general la acepción idiomática que se refiere al tema y así “imputar” es “atribuir a otro una culpa o delito” (Diccionario de la Real Academia Española), de manera que con este verbo se descarta la atribución a sí mismo, esto es, en especial, la confesión, la ostentación del hecho, el vanagloriarse del mismo, etcétera, donde corresponde la expresión “atribuirse”. Tanto en esa atribución como en la afirmación personal radica la información esperada del médico asistencial, la posibilidad de que esa atribución sea de características psicopatológicas. Ese servicio, que mencioné antes, le da una característica informativa al testigo médico asistencial.

Es sabido que para juzgar se parte de la imputación moral, es decir el juicio previo a la acción, sobre si ésta resiste la calificación de acción buena o mala. Para nuestra interpretación ese juicio previo a la acción no involucra el hecho, sino su mecanismo o desenvolvimiento; abarca más el comprender el acto, valorarlo, que dirigir su persona que es más cercana al hecho, salvo en los hechos premeditados de los normales o de los enfermos mentales, circunstanciales o de permanencia mayor.

Si el planteo se hace desde el lado opuesto, el de la inimputabilidad, el concepto de Jiménez de Asúa de que la inimputabilidad está presente cuando el acusado no pudo discriminar la naturaleza ilícita de la acción, de modo tal que toma trascendencia la posibilidad discriminatoria que estimo mayor que entre lo bueno y lo malo, ya que esa posibilidad puede transitar como problema ético individual. La información psiquiátrica deberá referirse forzosamente no sólo a la enfermedad psiquiátrica o aun a la normalidad psiquiátrica habitual de una persona y que supere lo genérico del encuadre patológico reconocido; se hace necesario saber si ese sujeto tiene o no “capacidad de comprender” su actuación y si tiene o no libertad como “capacidad de dirigir” esa actuación, a la que podría agregarse que es la “capacidad de querer” la acción. He mencionado repetidamente la acción como acto, a sabiendas que esto solo no es el “hecho”. La acción o la omisión están en el acto, conducta típica descripta previamente como delito, pero el “acto” circunscripto así, pasa a ser un “hecho” que tiene mayor duración que aquel, puesto que debe relacionarse el momento que se realiza con el momento que ocupan las condiciones psíquicas, como relación de causalidad. 
Disiento con aquellos que afirman que la condición psíquica que se mencionó no deba ser provocada intencionalmente por el autor, puesto que tal provocación puede estar tanto dentro de la normalidad como dentro de una determinada patología, y en este caso se presenta como un eslabón más dentro de la patología psíquica existente y que ha modificado la típica forma de reacción del individuo sin la patología actual. Es decir, hay una intencionalidad del sujeto en normalidad y hay otra intencionalidad en el sujeto con psicopatología. Quizá tendría que mencionar que la costumbre de un dolo referido al sujeto normal deba ser contrapuesto, a veces muy cerca, con un dolo de características psicopatológicas (“dolo psicopatológico”).
Muchos de los conceptos que la medicina aportó al derecho deben ser cambiados ya: tal el caso de homologar conciencia con memoria. Un error científico ha unido la perturbación de la conciencia en sus distintos grados con la perturbación de la memoria, cuando en realidad en el problema de la inimputabilidad la memoria del hecho no es incompatible con “comprender la criminalidad del acto o dirigir sus acciones”.

Es indudable que el peritar en muchos casos choca por un lado con la duda judicial sobre la psiquiatría asistencial y una presunta liviandad sobre el juicio de cese de peligrosidad y la reinserción social del inimputable, y por otro lado la necesidad de venganza social en la sentencia, de acuerdo con las expresiones populares y de los denominados comunicadores, que “sentencian en tribunales populares” por peligrosidad y no por el hecho en sí, incluyendo en ello las consultas populares.

También me he formulado ya antes dos alternativas: ¿Debe estudiarse siempre la posibilidad de imputabilidad como una circunstancia fehaciente, antes de considerar presente la inimputabilidad? ¿Dónde queda la vigencia del principio in dubbio pro reo?

Quien tiene o tuvo una patología psíquica, fracciona el problema penal y por consiguiente el médico legal o psiquiatra forense, sea como diagnóstico del estado actual, sea como diagnóstico en el momento del hecho, sea como diagnóstico en personas vivas o en ya fallecidas, pero en el mejor de los casos, ya sólo con un estado actual a distancia y una referencia a valorar sólo en la sentencia de la conducta descripta en los autos en las personas, como referencia o como testimonio en relación con un delito, sea como acusado, sea como víctima. En el cadáver se dan las circunstancias de haber cometido un hecho delictuoso: la de ser víctima de un hecho de ese carácter, el suicidio, la muerte de causa dudosa en muerte súbita o luego de coma o de abandono de persona, etcétera.

Nuestro país se ha caracterizado por una educación básica ligada a anuencia religiosa, donde no se enseñan los delitos, pero sí los miedos, no se posibilita el desarrollo de responsabilidad social, persiste en muchos la confusión entre delito y pecado. No debe olvidarse que este último es un producto individual, mientras que el delito necesita de la norma social previa, de la ley que castiga el hecho porque lo ha definido como delito, lo tipifica, lo declara antijurídico (contrario al interés jurídico tutelado) y sanciona a su autor por ser culpable.

La imputabilidad en la enfermedad psíquica se fundamenta en el texto del art. 30, en cuyo primer párrafo se cubren alternativas diagnósticas del tema: Defecto mental, alteración morbosa de las facultades y el estado de inconsciencia. Pero la expresión que le precede, “ya sea”, indica alternativas, puesto que el tema de la imputabilidad no pertenece a la medicina con la imposición de un diagnóstico, sino que es un tema plenamente legal y judicial, fundamentado en dos alternativas posibles:

1) Sufrir de un defecto mental al momento de los hechos
2) Posibilidad de comprender la criminalidad del acto, al momento de los hechos;
3) Posibilidad de controlar sus acciones a mandato de ley.

Si los “ya sea” fueran limitativos, en primer lugar la sentencia sería médica, y en segundo lugar en muchos casos habría contradicción con las dos alternativas de inimputabilidad que da el Código Penal.

Sostuve en Alcoholización2 que la Medicina no es una ciencia exacta y tampoco con conocimientos e interpretaciones permanentes o al menos durables, razón por la cual no puede ser base para interpretaciones judiciales que se fundamenten en entidades nosológicas que los conocimientos van cambiando y alterando en ubicaciones o clasificaciones. Mal podría entonces obligar un concepto médico que carece de consistencia cronológica al juez que debe dictar una sentencia de sanción en años.

He citado anteriormente los actos realizados —acción—, y debemos referirnos brevemente a la no realización de actos debidos —omisión—, para llegar a la confirmación que en algunos hechos no hubo acto humano y que la no comprensión del deber del acto no es imputable, así como en algunos casos —tal un catatónico— la imposibilidad de dirigir la acción. En una ubicación alienista —como ha sido la interpretación de la norma durante largo tiempo— se reduce la situación, como lo hicieron H. y A. Fingarette3 al afirmar que el peor efecto psicótico es la pérdida de racionalidad, porque al perderla también deja de comprender y valorar las leyes de su existencia social. No es ésta la situación de mayor interés en la labor psiquiátrico-forense, aunque considero que invade la norma, como en el caso de inimputabilidad del delirante celoso al matar el objeto de sus celos, y la condena de ese delirante si en núcleo ajeno a su delirio roba, hurta o estafa. A. Goldstein4 señaló la exigencia del cumplimiento de las reglas de N. Naghten, es decir la prueba de que en el momento del hecho la acción se cometía bajo la influencia de un defecto de la razón debido a una enfermedad mental, y el sujeto imputado no sabía la naturaleza ni la calidad de la misma, y si lo sabía ignoraba que lo que hacía estaba mal hecho. Estas reglas tienen adhesión a las facultades intelectuales cognoscitivas (de las clásicas tres esferas o facultades de la actividad psíquica, la intelectual, la volitiva y la afectiva), donde el criterio de enfermedad mental, que no es médico sino legal, admite desde lo temporal a lo permanente y desde una de las facultades a alguna de las otras dos —volitiva y afectiva— y aun su conjunto. A. Brooks5 señala comprensivamente a su vez tres excusas de inimputabilidad: “Yo no sabía lo que hacía”, “Yo no me pude controlar” y “Yo estaba loco cuando lo hice”. Es indudable que la variable de la primera es “Yo no sabía que lo que hacía era contrario a la ley”, con lo que se acerca a la necesidad del “conocimiento de la ley” para que el reproche de culpabilidad sea eficiente. La ley nunca debería penar la ignorancia, sino en todo caso repararla o contemplarla.
Por otra parte no existen dificultades frente a la pérdida de un control argumentada, si es que no se encuentran razones en el comportamiento global del sujeto, en razón de su unidad y de su personalidad o individualidad, que siempre se debe tener presente, al igual que “si no lo pude resistir” se discute en la acción, y “no lo quise resistir” se discute en la omisión. Este conocimiento psiquiátrico forense guarda relación con las exigencias legales, como por caso señala E. Mezger,6 “es imputable el que posee al tiempo de la acción las propiedades exigibles para la imputación a título de culpabilidad”.

Sobre la propia base del juzgamiento de inimputabilidad del Código Penal Argentino, debieran circunscribirse las razones psiquiátrico-forenses de inimputabilidad, al encontrarse en situación psicobiológica de no disponer de la capacidad para valorar y comprender la ilicitud del acto o para dirigir su persona, en la acción u omisión. Quedan involucrados así no sólo el conocer sino también el valorar (querer) y una definida dirección voluntaria.

En un discutir jurídico puro se entiende la imputabilidad como “capacidad de culpabilidad” y a su vez “culpabilidad” como el reproche personal por la infracción del deber. En ese nivel hasta puede aceptarse una “capacidad de deber” (como refería J. Córdoba Roa),7 como un concepto que en el momento de calificar circunstancias de inimputabilidad en la discusión pericial, puede ser trascendente para salir de una utopía moral en una alteración del funcionamiento biológico, que coloca al sujeto en la imposibilidad de exigirle abstenerse de verificar la conducta reprochable o prohibida. Por ello, “capacidad de obligación o de deber” son explicativas una de otra y coinciden para el análisis del caso. El error principal, en el estudio pericial, sería considerar que hubo elección del actuar en un inexistente libre albedrío psiconeuroendocrinológico del comportamiento.

La conciencia del ser libre existe en la normalidad, sin duda, pero nunca puede afirmarse en la patología psiquiátrica, ya que ésta constituye por sí misma la mayor pérdida de la libertad. En este tema influyen mucho los presupuestos morales de una decisión de actuar o no en contra de la ley, y por otra parte el fin de la sanción penal, y que constituyen conciliábulos psicológico-jurídicos sobre dominio y decisión (“dominio sobre la decisión”).

No contemplo la posibilidad de salir del fundamento que se ha dado al Código Penal Argentino; su concepción clásica y de defensa social aparta las concepciones más modernas, donde la fundamentación de la pena es para motivar a que se obre dentro de la norma jurídica y por consiguiente estaría exento de tal sanción quien no puede ser motivado por ella, sabiendo desde ya que la teoría de la sanción por motivación del sancionable se parece mucho a una “doma”, incompatible con el derecho moderno y por consiguiente con el Estado.

También debe contemplarse, siempre a los fines de análisis de la imputabilidad, que puede existir coincidencia entre las normas jurídicas, expresadas como protección de los valores fundamentales de la sociedad (siguiendo a F. Muñoz Conde)8 y la escala de valores del individuo, y también es justo señalar desde ya que puede existir incompatibilidad entre el sujeto y la norma, casi siempre como un problema de subcultura, y en cuyo caso no debe haber análisis pericial, pues no es del caso o del hecho, sino de una ética individual o del grupo de pertenencia, a quien igual se le pide que no agreda la norma genérica de convivencia o configuración social y que la respete, con lo cual queda a salvo el derecho de opinión y disenso.

Si recurriera a la codificación penal italiana y la invocara para aclarar, lograría los términos “capacidad de querer” y “capacidad de entender”. La primera frase guarda relación como la intelectualmente elegida, como opción mejor, o también como la autodeterminación de hacer o no hacer. “Capacidad de entender” se relaciona con el mundo de valores de la realidad externa y por consiguiente la aptitud para representarse y valorar la propia conducta y prever sus efectos.9

M. Cabaleiro Goás10 define al hombre como el “poseedor de libertad”. Se ha aceptado la libertad como la facultad y posibilidad humana de elegir: el hombre, decidiendo entre varias opciones, decide su vida y existencia en cada una de las circunstancias en que hubo posibilidad de decisión. La existencia del clásico “libre albedrío” nos lleva a la posibilidad de hacer o no hacer, de elegir o no elegir, de decidir o no decidir. Si se toman los conceptos de San Agustín puede señalarse el libre albedrío como la facultad de la razón y de la voluntad por medio de la cual es elegido el bien, mediante el auxilio de la Gracia, y el mal por la ausencia de ella. Sin embargo, la decisión es psicológicamente independiente de la voluntad. La libertad no es tal por la elección o por la simple decisión, sino que por el contrario es la libertad la que hace posibles las decisiones y sólo así puede darse la responsabilidad, tanto por la elección como por la decisión. Pero la libertad es frágil, necesita la condición de disponer de sí misma para la decisión, y también de una segunda condición que está dada porque las circunstancias no le cercenan camino en su posibilidades.

H. Ey11 expresa que “las enfermedades orgánicas son amenazas a la vida”, las “enfermedades mentales son atentados a la libertad”, y agrega que “en efecto, el proceso mórbido entorpeciendo, disolviendo la actividad psíquica disminuye la libertad y la responsabilidad del enfermo mental”, atribuyendo a la pérdida de autonomía de la razón y de la personalidad, al regreso subintegrado de la actividad psíquica a ciclos cada vez más automáticos y determinando precisamente esa pérdida de la libertad. Afirma que “la Psiquiatría es una patología de la libertad, es la Medicina aplicada a los debilitamientos de la libertad”.

El caso concreto y particular frente a cada hombre interferido en su libertad por la enfermedad, por la intoxicación o por ambas actuando simultánea o sucesivamente, continuada o intermitentemente, es el que demuestra precisamente la trascendencia de la alteración morbosa de su libertad, en el elegir y decidir su acción. Es lugar común el ejemplo ya mencionado del delirante celoso que puede no ser responsable penalmente en el homicidio de su mujer y sí ser lo en un robo o en una estafa, delitos ajenos a la
sistematización delirante que padece. Comprender relaciona los motivos y los actos que integran el hecho y no se debe confundir comprensión con explicación causal.

Fuente: http://psiquiatriaforensepr.com/forense_criminal.html(Blog recomendado)