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EL INVENTARIO MULTIFASÉTICO DE PERSONALIDAD DE MINNESOTA (MMPI)

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El MMPI-2 es uno de los instrumentos más importantes y utilizados en la evaluación de psicopatología en adultos en los contextos clínicos, médicos, forenses y de selección de personal.

Dicha prueba mide la psicopatología basandose en la nosografía de Kraepilin. Su puntaje es T. (Presentando media de 50 y desvio de 10 en Argentina). Esto quiere decir que si el resultado arroja un valor mayor a 50 el sujeto evaluado estaría por encima de la media. Cuanto mayor sea el valor más pronunciada será su psicopatología.

El MMPI 2 se utiliza para adultos y el MMPI-A está preparado para dolescentes.

En el ámbito forense, el MMPI-2 es una de las principales técnicas
utilizadas a fin de evaluar la simulación yla defensividad. Al formar parte de un proceso psicodiagnóstico los resultados obt enidos a partir de su análisis cobrarán mayor relevancia a medida que se correlacionen con datos alcanzados a través de la administración de otras técnicas, entre ellas el Rorschach, el Cuestionario esiderativo, y técnicas gráficas como el Test de Bender, entre otras. Las técnicas proyectivas no pueden ser falseadas sin dejar residuo de ese intento, ya queaunque se intenten seguir patrones “normales” a la hora de dar una respuesta ohacer un dibujo siempre van a haber aspectos personales y singulares del sujetoen cuestión.
El MMPI original fue desarrollado por Starke R. Hathaway y J. C. McKinley con la idea de evaluar la personalidad desde diferentes ángulos, o sea, multifacéticamente, por medio de escalas y perfiles.
Dado que los cuestionarios autoadministrabl es son vulnerables al estilo y actitud del sujeto, y son entonces suscept ibles de distorsiones en las respuestas, los autores crearon cuatro escalas que llamaron de validez, para intentar controlar la tendencia del sujeto a exagerar o subestimar la propia conducta para hacerla más aceptable socialmente. Estas escalas son: Interrogantes (?), Sinceridad (L), Validez (F) y Factor Corrector (K). Tiempo después se dio lugar a la formulación del proyecto MMPI-2, una revisión para adultos realizada por Butcher, Dahlstrom, Graham, Tellegen y Kaemmer, en 1989; manteniendo su estructura formal.
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EL MMPI – 2 EN PSICOLOGÍA FORENSE
En el ámbito de la psicología forense, el profesional se confronta
habitualmente con la posibilidad de simulación por parte del examinado y por lo tanto marca una diferencia con la práctica clínica.
La evaluación de la personalidad en el ámbito de la psicología forense o jurídica está relacionada con las diversas causas judiciales en las que el sujeto a ser evaluado está inmerso; los rasgos a evaluar dependerán de esas causas. Los distintos rasgos a evaluar pueden ser: discriminar el origen psicótico o psicopáticode un acto agresivo, el grado de peligrosidad o recuperación de un procesado, el daño psíquico sufrido por alguien, basándose en las características depersonalidad previas a la situación traumática, la actitud parental de una pareja o una persona que solicita adoptar, una evaluación comparativa de la capacidad de protección y cuidado de cada padre en casos de tenencia, probabilidades de reincidencia en maltrato de padres a hijos, etc.Los sujetos involucrados en estos problemas suelen percibir el psicodiagnóstico como una forma de presión o de intrusión en sus vidas íntimas,por lo que tienden a actuar defensivamente, o en casos de sujetos condenados,
tratan de mostrarse enfermos para lograr la inimputabilidad.
En psiquiatría y psicología jurídicas existen términos generales que definen
la presentación que un sujeto realiza de sí mismo, entre los cuales destacamos la
simulación, la cual se define como “proceso psíquico caracterizado por la decisión
consciente de reproducir trastornos patológicos valiéndose de la imitación más o
menos directa con la intención de engañar a alguien, manteniendo el engaño con
la ayuda de un esfuerzo continuo durante un tiempo más o menos prolongado”.
(Casullo, 2006,p.321)
Como motivaciones para simular en los test podemos observar que para los
procesados, el beneficio de un diagnóstico de alienación mental puede llegar a
eximirlos de la imputabilidad del acto delictivo cometido. En el caso de los
condenados, pueden lograr ser trasladados a un hospital psiquiátrico carcelario,
previamente al hospital psiquiátrico general.
Para una explicación más profunda del tema de la simulación podemos citar
a Rogers, quien habla de “engaño”, entendiéndolo como todo intento por parte de
una persona para distorsionar o exagerar el informe de sí mismo, incluyendo todas
las formas de falta de sinceridad o de franqueza.
También podemos observar en el MMPI-2, una conducta opuesta a la
simulación, la defensividad, donde se intenta negar o minimizar, consciente e
intencionalmente, los síntomas físicos y/ o psicológicos. Los sujetos se presentan a
sí mismos de un modo más favorable. La simulación puede ser evidenciada no sólo en el MMPI-2 sino también en
muestras del sujeto en una evaluación global, donde el sujeto intenta simular
determinado desorden pero con rasgos burdos y obvios sin tener en cuenta el verdadero conjunto de síntomas y signos que caracterizan a la enfermedad. Suele suceder, también, que aparezcan incongruencias en su acting.

El MMPI-2 es considerado la principal medida psicométrica para la
investigación de la exageración o la minimización de psicopatologías. Se
incluyeron para este fin escalas de validez para evaluar la credibilidad del patrón
de respuesta dado, para evaluar la exageración o el fingimiento de estar mal, y ladefensividad o el fingimiento de estar bien. Graham (1993) sostiene que el indicio más claro de que una persona
normal intenta simular una seria patología es la tendencia a desviar la respuesta
de los ítems produciendo elevaciones mucho más acentuadas que los pacientes
seriamente turbados.
Resulta importante tener en cuenta la diferenciación establecida por Wiener
(1948), entre ítems fácilmente detectados como indicadores de disturbios
emocionales y aquellos dificultosa de detectar como indicadores de disturbio
emocional. Los primeros se llamaron obvios o manifiestos y los segundos, sutiles.
Esta subescala S-O demuestra que los sujetos examinados que estaban
intentando fingir estar mal suelen marcar muchos de los ítems obvios y pocos de
los sutiles de las escalas clínicas. Y, a la inversa, quienes fingen estar bien
marcan muchos de los ítems sutiles y pocos de los ítems obvios.

Fuente: Autor del blog

“Los psicópatas no son solo los fríos asesinos de las películas. Están en todas partes, viven entre nosotros y tienen formas mucho más sutiles de hacer daño que las meramente físicas. Los peores, dice, llevan ropa de marca y ocupan suntuosos despachos, en la política y las finanzas. La sociedad no les ve, o no quiere verles, y consiente”

Robert Hare es Doctor en Psicología y profesor  de la University of British Columbia de Canadá. Hace más de tres decadas que investiga sobre la psicopatía, y es el  crador de la escala PCL (Psychopathy Checklist) y su revisión (PCL-R), siendo estos los más precisos para considerar el riesgo de conducta violenta. Forma parte del CASMIRC (Child Abduction and Serial Murder Investigative Resources Center) perteneciente al FBI . También ha formado parte del consejo de prisiones en Reino Unido, desarrollando programas de tratamiento para delincuentes psicópatas, además de pertenecer al International Criminal Investigative Analysis Fellowship (ICIAF).
Su página web es: http://www.hare.org/ , allí podrán encontrar todos sus libros , artículos, novedades sobre congresos y links relacionados con el estudio de la psicopatía.

Uno de sus libros más destacados se llama “Sin conciencia” (Título original en inglés: Without conscience. Guilford Press 1999),“Una visión fascinante, aunque terrorífica, del mundo de los psicópatas… Hare sostiene que los psicópatas nacen, no se hacen… Un trabajo escalofriante, que nos abre los ojos. Y también una llamada a la acción” Kirkus Reviews . A la mayoría de la gente le atraen y a la vez le repelen las imágenes de asesinos fríos y sin conciencia que pueblan películas, programas de televisión y titulares de prensa. Con su flagrante violación de las normas sociales, los asesinos en serie se hallan entre los ejemplos más espectaculares del universo de la psicopatía. Los individuos que poseen este trastorno de la personalidad se dan cuenta de las consecuencias de sus actos y conocen la diferencia entre el bien y el mal, pero son personas carentes de remordimientos e incapaces de preocuparse por los sentimientos de los demás. Quizá lo más espeluznante sea que, muchas veces, para sus víctimas son sujetos completamente normales. Este retrato de esos seres está basado en veinticinco años de investigación científica y describe con todo detalle un mundo de estafadores, violadores y demás criminales que engañan, mienten y manipulan allá por donde pasan. ¿Están los psicópatas locos o son simplemente malvados? ¿Cómo podemos reconocerlos? ¿Cómo podemos protegernos de ellos? Este libro proporciona respuestas a estas y otras preguntas mediante información contrastada e interpretaciones sumamente esclarecedoras.

Link al libro:  http://books.google.com.ar/books?id=8CzywfZ7NekC&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false

Según Robert Hare, la psicopatía aparece entre los tres y los cinco años, tanto en familias estables como inestables. Pero no todo psicópata termina convirtiéndose en criminal.

Hata  el momento la psicopatía no tiene cura. Como Robert Hare considera: “Se ha intentado todo pero no hay nada que funcione”.

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A continuación se presenta la ESCALA DE CALIFICACIÓN DE LA PSICOPATIA ( Robert D. Hare).

Test que Hare utiliza para determinar si alguien es o no un psicopata. Són 20 preguntas que el psicólogo valora en una escala del 0 al 2, y si el resultado es mayor de 30, el paciente es un psicopata

0 = NUNCA

1 = ALGUNA VEZ

2 = A MENUDO


Escala de Psicopatía o PCL (Psychopathy Check List)

¿Es locuaz?
¿Tiene encanto superficial?
¿Alardea de sus títulos y su valía?
¿Suele mentir con descaro?
¿Solo se siente bien en puestos de dirección?
¿Manipula a los demás?
¿Carece remordimiento?
¿Sus afectos son superficiales?
¿Su carácter es inestable?
¿Carece de empatía con los demás?
¿Carece de amigos de la infancia?
¿Quiere realmente a su pareja?
¿Tiene tendencia al aburrimiento?
¿Su estilo de vida es parasitario?
¿Tiene reacciones poco meditadas?
¿Tiene mala memoria?
¿Sus proyectos carecen de realismo?
¿Su carácter es impulsivo?
¿Adopta decisiones e iniciativas irresponables?
¿Ha tenido algún tipo de problemas con la ley aunque haya salido absuelto?

 

La escala Hare es descrita de la siguiente manera:
FACTOR 1: (interpersonal/afectivo)

Locuacidad, encanto superficial;

sensación de autovalía;

mentiras patológicas, engaño y manipulación;

ausencia de remordimientos y culpabilidad;

escasa profundidad en los afectos;

insensibilidad y falta de empatía;

no acepta la responsabilidad de sus acciones;

conducta sexual promiscua;

versatilidad criminal.

FACTOR 2: (desviación social)

necesidad de estimulación/propensión al aburrimiento;

estilo de vida parasitario, con escasos controles comportamentales;

problemas de conducta a temprana edad;

falta de metas realistas a largo plazo;

impulsividad;

irresponsabilidad, delincuencia juvenil;

revocación de la libertad condicional y relaciones matrimoniales de poca duración.

la escala Hare, nos permite establecer puntos de referencia con los cuales se puede determinar estas patologías, que son relacionadas con estos individuos a fin de identificarlos y así neutralizar la acción de los “depredadores humanos”.

Fuente: http://es.sott.net/articles/show/2521-Robert-Hare-La-mayoria-de-los-psicopatas-no-son-asesinos-Estan-en-la-politica-o-en-los-negocios-

Esta entrada es un aporte de un artículo que nos ha enviado un visitante del blog. El email que nos escribio decia lo siguiente:
Hola, soy un seguidor y admirador de su Blog, Me especialicé en Psicología Forense y trabajo como tal en mi pais Colombia, adjunto les envio un articulo que espero publiquen en su pagina,

Cordial saludo,

BELISARIO F. VALBUENA

Articulo:

Cómo identificar un perfil criminal

Contrario a lo que se cree en Latino América, psicópata no es lo mismo que asesino en serie. Pues un psicópata no es solamente el que agrede, asesina o atenta contra la integridad personal. También hay rasgos de psicopatía en el timador y en personas que ejercen funciones de liderazgo. ¿Cómo reconocerlos?.

El programa tecnológico en Investigación Criminal, de la Universidad Manuela Beltrán, analizó algunos de los perfiles más reconocidos del mundo.
“Hitler tenía unos rasgos de psicopatía muy particulares y nunca mató a nadie con su propia mano. Si hablamos del perfil de algunos dirigentes mundiales, vamos a encontrar que tienen varios rasgos de psicopatía. Son manipuladores o tienen un grandioso sentido de auto importancia, narcisistas de personalidad en relación con que buscan el beneficio particular antes que el beneficio general, tienen facilidad impresionante para mentir”, explicó Belisario Valbuena Trujillo, Especialista en Psicofisiología Forense y docente del programa en Investigación Criminal, de la Universidad Manuela Beltrán.

Otro caso reconocido es el de Juan Carlos Bentancourt, un estafador internacional de nacionalidad colombiana buscado en 29 países por la INTERPOL. Este delincuente gozaba de un perfil elevado: Hablaba 6 idiomas, tenía un coeficiente intelectual bastante alto y gran habilidad para las relaciones sociales. Para engañar a sus víctimas, algunas veces decía ser
hijo de diplomáticos, en otras que era huérfano de una etnia gitana de España y hasta llegó a presentarse como un millonario árabe.

“Era astuto, encantador y convincente; a través de la conducta verbal de los demás, sabía identificar sus gustos y preferencias para así crear vínculos y estafar a las personas. Este psicópata atentaba contra el patrimonio económico y no contra la integridad personal”, señaló el docente de Investigación Criminal, de la UMB, Belisario Valbuena.

Para el especialista en Psicofisiología Forense, además de la habilidad para persuadir, también es importante resaltar que el trabajo de un psicópata se facilita cuando sus interlocutores no tienen la capacidad de tomar decisiones.

“Esta situación se vive a diario en bandas criminales y grupos al margen de la ley como las Autodefensas, ELN y FARC, donde los superiores convencen fácilmente a los subalternos con Teoría Marxista Lenilista; es decir, poniendo al Gobierno y a las clases económicas dominantes como el enemigo del pueblo. A esto se le llama Trastorno Ideológico Inadvertido”, señaló el psicólogo Belisario Valbuena.

El docente del programa tecnológico en Investigación Criminal de la UMB aseguró, además, que los cabecillas de frentes o cuadrillas, quienes ocupan los lugares superiores dentro de la jerarquía, suelen tener rasgos parecidos a los del psicópata, pues poseen habilidades para manipular e influir en los demás. Es así como también influye el mayor nivel de estudios y de permanencia en la organización.

“Un ejemplo es el de alias Cesar, el líder de la cuadrilla primera de las FARC, quien fue capturado en la operación Jaque. Este delincuente que llevaba más de 20 años en la organización, era valorado por sus capacidades intelectuales y facilidad para persuadir a las masas. Además, tenía una personalidad histriónica, le gustaba ser el centro de atención. Esto fue precisamente lo que se aprovechó en la Operación Jaque, en la que fue distraído por la cámara y el supuesto periodista”, asegura el especialista en Psicofisiología Forense.

Para Belisario Valbuena es claro que las grandes operaciones para capturar delincuentes deben tener un trabajo de perfilación psicológica, pues existen diferencias entre quienes agreden la integridad física de una persona y quienes atentan contra el patrimonio económico.

El primero, por lo general, es una persona que en su infancia sufrió agresiones físicas o psicológicas, abuso sexual por parte de alguien importante para él como su padre, madre, padrastro o cuidador y/o abandono físico o psicológico.

 Síntomas y tipos de psicopatía 

Desde la pre-adolescencia se puede vaticinar un posible delincuente. Comportamientos como la deserción escolar, hurtos (así sean pequeños), agresión física a personas y mascotas, son algunos de los síntomas.

Según el especialista en Psicofisiología Forense, Belisario Valbuena Trujillo, “Los niños que maltratan animales domésticos, empiezan a tener un rasgo psicopático de personalidad”. En sus investigaciones, el docente del programa en Investigación Criminal de la Universidad Manuela Beltrán conoció una banda criminal que atentaba contra las personas y descubrió que varios de los integrantes se entrenaron apuñalando caballos.

El psicópata adquiere los rasgos de su psicopatía desde muy niño. Es casi unánime en ellos la ausencia de la figura del padre. Suelen haber vivido en el seno de familias en las que el padre se había ido del hogar, había fallecido tempranamente o, simplemente, se había despreocupado de la educación de los hijos. De hecho, los psicópatas jamás mencionan al padre; parece como si jamás lo hubieran tenido.

Desde el momento en que comienza la época de socialización evidencian unos rasgos que los hacen radicalmente diferentes de otros niños. Muestran un ego particularmente crecido y hostil ante cualquier crítica.

Aprenden a mentir y a enmascarar sus sentimientos. El cerebros de los psicópatas no funciona como los demás, tienen una desconexión entre la zona orbitofrontal y las estructuras subcorticales. De ahí que, pequeños impulsos emocionales les provoquen reacciones agresivas incontroladas.

Para identificar los dos tipos de psicópatas que existen: psicópata criminal y psicópata integral, el docente Belisario Valbuena resalta que “en el primero la persona empieza desde temprana edad a involucrarse en diferentes tipos de delitos; y a medida que pasa el tiempo va perfeccionando sus habilidades para delinquir. A esto se le llama una escalada de crimen”.

Cómo identificar un perfil criminal

El psicópata integrado, por su parte, es aquel que lleva una vida ‘normal’, tiene una profesión u oficio y termina involucrado en un crimen serio contra la integridad personal o el patrimonio económico (a gran escala).

El psicópata integral funciona en una lógica propia: todo lo que le favorece y le facilita alcanzar sus objetivos es bueno, todo aquello que le impide llegar a ellos, es negativo. En su estructura mental, no hay lugar para la lógica cartesiana: su fantasía le marca objetivos que pone en marcha a través de su voluntad, sin importarle ningún otro razonamiento.

“Un ejemplo de este caso, es el del padre de familia de Chía, quien se vio involucrado en la desaparición y muerte de su propio hijo. Este hombre era conocido por la comunidad como una persona trabajadora, responsable y retraída. Es así como el psicópata integrado es mucho más difícil de detectar y es mucho más peligroso”, explicó el docente Belisario Valbuena, del programa en Investigación Criminal, de la Universidad Manuela Beltrán.

Según un informe de la Organización Mundial de la Salud – OMS -, sobre salud mental en el mundo, el 2% de la población mundial padece psicopatía. De allí, la importancia de saber cómo detectar y cómo evitar ser víctima o facilitador de estas personas.

Autor: BELISARIO F. VALBUENA

email: belfer71@gmail.com

criminales

La psiquiatria forense criminal esta orientada a evaluar y analizar hechos criminales en un contexto de salud mental. Las actividades principales son la determinacion del estado mental al momento de los hechos o imputabilidad y la determinacion de competencia para ser juzgado o la procesabilidad.
IMPUTABILIDAD

Es definir de manera general la acepción idiomática que se refiere al tema y así “imputar” es “atribuir a otro una culpa o delito” (Diccionario de la Real Academia Española), de manera que con este verbo se descarta la atribución a sí mismo, esto es, en especial, la confesión, la ostentación del hecho, el vanagloriarse del mismo, etcétera, donde corresponde la expresión “atribuirse”. Tanto en esa atribución como en la afirmación personal radica la información esperada del médico asistencial, la posibilidad de que esa atribución sea de características psicopatológicas. Ese servicio, que mencioné antes, le da una característica informativa al testigo médico asistencial.

Es sabido que para juzgar se parte de la imputación moral, es decir el juicio previo a la acción, sobre si ésta resiste la calificación de acción buena o mala. Para nuestra interpretación ese juicio previo a la acción no involucra el hecho, sino su mecanismo o desenvolvimiento; abarca más el comprender el acto, valorarlo, que dirigir su persona que es más cercana al hecho, salvo en los hechos premeditados de los normales o de los enfermos mentales, circunstanciales o de permanencia mayor.

Si el planteo se hace desde el lado opuesto, el de la inimputabilidad, el concepto de Jiménez de Asúa de que la inimputabilidad está presente cuando el acusado no pudo discriminar la naturaleza ilícita de la acción, de modo tal que toma trascendencia la posibilidad discriminatoria que estimo mayor que entre lo bueno y lo malo, ya que esa posibilidad puede transitar como problema ético individual. La información psiquiátrica deberá referirse forzosamente no sólo a la enfermedad psiquiátrica o aun a la normalidad psiquiátrica habitual de una persona y que supere lo genérico del encuadre patológico reconocido; se hace necesario saber si ese sujeto tiene o no “capacidad de comprender” su actuación y si tiene o no libertad como “capacidad de dirigir” esa actuación, a la que podría agregarse que es la “capacidad de querer” la acción. He mencionado repetidamente la acción como acto, a sabiendas que esto solo no es el “hecho”. La acción o la omisión están en el acto, conducta típica descripta previamente como delito, pero el “acto” circunscripto así, pasa a ser un “hecho” que tiene mayor duración que aquel, puesto que debe relacionarse el momento que se realiza con el momento que ocupan las condiciones psíquicas, como relación de causalidad. 
Disiento con aquellos que afirman que la condición psíquica que se mencionó no deba ser provocada intencionalmente por el autor, puesto que tal provocación puede estar tanto dentro de la normalidad como dentro de una determinada patología, y en este caso se presenta como un eslabón más dentro de la patología psíquica existente y que ha modificado la típica forma de reacción del individuo sin la patología actual. Es decir, hay una intencionalidad del sujeto en normalidad y hay otra intencionalidad en el sujeto con psicopatología. Quizá tendría que mencionar que la costumbre de un dolo referido al sujeto normal deba ser contrapuesto, a veces muy cerca, con un dolo de características psicopatológicas (“dolo psicopatológico”).
Muchos de los conceptos que la medicina aportó al derecho deben ser cambiados ya: tal el caso de homologar conciencia con memoria. Un error científico ha unido la perturbación de la conciencia en sus distintos grados con la perturbación de la memoria, cuando en realidad en el problema de la inimputabilidad la memoria del hecho no es incompatible con “comprender la criminalidad del acto o dirigir sus acciones”.

Es indudable que el peritar en muchos casos choca por un lado con la duda judicial sobre la psiquiatría asistencial y una presunta liviandad sobre el juicio de cese de peligrosidad y la reinserción social del inimputable, y por otro lado la necesidad de venganza social en la sentencia, de acuerdo con las expresiones populares y de los denominados comunicadores, que “sentencian en tribunales populares” por peligrosidad y no por el hecho en sí, incluyendo en ello las consultas populares.

También me he formulado ya antes dos alternativas: ¿Debe estudiarse siempre la posibilidad de imputabilidad como una circunstancia fehaciente, antes de considerar presente la inimputabilidad? ¿Dónde queda la vigencia del principio in dubbio pro reo?

Quien tiene o tuvo una patología psíquica, fracciona el problema penal y por consiguiente el médico legal o psiquiatra forense, sea como diagnóstico del estado actual, sea como diagnóstico en el momento del hecho, sea como diagnóstico en personas vivas o en ya fallecidas, pero en el mejor de los casos, ya sólo con un estado actual a distancia y una referencia a valorar sólo en la sentencia de la conducta descripta en los autos en las personas, como referencia o como testimonio en relación con un delito, sea como acusado, sea como víctima. En el cadáver se dan las circunstancias de haber cometido un hecho delictuoso: la de ser víctima de un hecho de ese carácter, el suicidio, la muerte de causa dudosa en muerte súbita o luego de coma o de abandono de persona, etcétera.

Nuestro país se ha caracterizado por una educación básica ligada a anuencia religiosa, donde no se enseñan los delitos, pero sí los miedos, no se posibilita el desarrollo de responsabilidad social, persiste en muchos la confusión entre delito y pecado. No debe olvidarse que este último es un producto individual, mientras que el delito necesita de la norma social previa, de la ley que castiga el hecho porque lo ha definido como delito, lo tipifica, lo declara antijurídico (contrario al interés jurídico tutelado) y sanciona a su autor por ser culpable.

La imputabilidad en la enfermedad psíquica se fundamenta en el texto del art. 30, en cuyo primer párrafo se cubren alternativas diagnósticas del tema: Defecto mental, alteración morbosa de las facultades y el estado de inconsciencia. Pero la expresión que le precede, “ya sea”, indica alternativas, puesto que el tema de la imputabilidad no pertenece a la medicina con la imposición de un diagnóstico, sino que es un tema plenamente legal y judicial, fundamentado en dos alternativas posibles:

1) Sufrir de un defecto mental al momento de los hechos
2) Posibilidad de comprender la criminalidad del acto, al momento de los hechos;
3) Posibilidad de controlar sus acciones a mandato de ley.

Si los “ya sea” fueran limitativos, en primer lugar la sentencia sería médica, y en segundo lugar en muchos casos habría contradicción con las dos alternativas de inimputabilidad que da el Código Penal.

Sostuve en Alcoholización2 que la Medicina no es una ciencia exacta y tampoco con conocimientos e interpretaciones permanentes o al menos durables, razón por la cual no puede ser base para interpretaciones judiciales que se fundamenten en entidades nosológicas que los conocimientos van cambiando y alterando en ubicaciones o clasificaciones. Mal podría entonces obligar un concepto médico que carece de consistencia cronológica al juez que debe dictar una sentencia de sanción en años.

He citado anteriormente los actos realizados —acción—, y debemos referirnos brevemente a la no realización de actos debidos —omisión—, para llegar a la confirmación que en algunos hechos no hubo acto humano y que la no comprensión del deber del acto no es imputable, así como en algunos casos —tal un catatónico— la imposibilidad de dirigir la acción. En una ubicación alienista —como ha sido la interpretación de la norma durante largo tiempo— se reduce la situación, como lo hicieron H. y A. Fingarette3 al afirmar que el peor efecto psicótico es la pérdida de racionalidad, porque al perderla también deja de comprender y valorar las leyes de su existencia social. No es ésta la situación de mayor interés en la labor psiquiátrico-forense, aunque considero que invade la norma, como en el caso de inimputabilidad del delirante celoso al matar el objeto de sus celos, y la condena de ese delirante si en núcleo ajeno a su delirio roba, hurta o estafa. A. Goldstein4 señaló la exigencia del cumplimiento de las reglas de N. Naghten, es decir la prueba de que en el momento del hecho la acción se cometía bajo la influencia de un defecto de la razón debido a una enfermedad mental, y el sujeto imputado no sabía la naturaleza ni la calidad de la misma, y si lo sabía ignoraba que lo que hacía estaba mal hecho. Estas reglas tienen adhesión a las facultades intelectuales cognoscitivas (de las clásicas tres esferas o facultades de la actividad psíquica, la intelectual, la volitiva y la afectiva), donde el criterio de enfermedad mental, que no es médico sino legal, admite desde lo temporal a lo permanente y desde una de las facultades a alguna de las otras dos —volitiva y afectiva— y aun su conjunto. A. Brooks5 señala comprensivamente a su vez tres excusas de inimputabilidad: “Yo no sabía lo que hacía”, “Yo no me pude controlar” y “Yo estaba loco cuando lo hice”. Es indudable que la variable de la primera es “Yo no sabía que lo que hacía era contrario a la ley”, con lo que se acerca a la necesidad del “conocimiento de la ley” para que el reproche de culpabilidad sea eficiente. La ley nunca debería penar la ignorancia, sino en todo caso repararla o contemplarla.
Por otra parte no existen dificultades frente a la pérdida de un control argumentada, si es que no se encuentran razones en el comportamiento global del sujeto, en razón de su unidad y de su personalidad o individualidad, que siempre se debe tener presente, al igual que “si no lo pude resistir” se discute en la acción, y “no lo quise resistir” se discute en la omisión. Este conocimiento psiquiátrico forense guarda relación con las exigencias legales, como por caso señala E. Mezger,6 “es imputable el que posee al tiempo de la acción las propiedades exigibles para la imputación a título de culpabilidad”.

Sobre la propia base del juzgamiento de inimputabilidad del Código Penal Argentino, debieran circunscribirse las razones psiquiátrico-forenses de inimputabilidad, al encontrarse en situación psicobiológica de no disponer de la capacidad para valorar y comprender la ilicitud del acto o para dirigir su persona, en la acción u omisión. Quedan involucrados así no sólo el conocer sino también el valorar (querer) y una definida dirección voluntaria.

En un discutir jurídico puro se entiende la imputabilidad como “capacidad de culpabilidad” y a su vez “culpabilidad” como el reproche personal por la infracción del deber. En ese nivel hasta puede aceptarse una “capacidad de deber” (como refería J. Córdoba Roa),7 como un concepto que en el momento de calificar circunstancias de inimputabilidad en la discusión pericial, puede ser trascendente para salir de una utopía moral en una alteración del funcionamiento biológico, que coloca al sujeto en la imposibilidad de exigirle abstenerse de verificar la conducta reprochable o prohibida. Por ello, “capacidad de obligación o de deber” son explicativas una de otra y coinciden para el análisis del caso. El error principal, en el estudio pericial, sería considerar que hubo elección del actuar en un inexistente libre albedrío psiconeuroendocrinológico del comportamiento.

La conciencia del ser libre existe en la normalidad, sin duda, pero nunca puede afirmarse en la patología psiquiátrica, ya que ésta constituye por sí misma la mayor pérdida de la libertad. En este tema influyen mucho los presupuestos morales de una decisión de actuar o no en contra de la ley, y por otra parte el fin de la sanción penal, y que constituyen conciliábulos psicológico-jurídicos sobre dominio y decisión (“dominio sobre la decisión”).

No contemplo la posibilidad de salir del fundamento que se ha dado al Código Penal Argentino; su concepción clásica y de defensa social aparta las concepciones más modernas, donde la fundamentación de la pena es para motivar a que se obre dentro de la norma jurídica y por consiguiente estaría exento de tal sanción quien no puede ser motivado por ella, sabiendo desde ya que la teoría de la sanción por motivación del sancionable se parece mucho a una “doma”, incompatible con el derecho moderno y por consiguiente con el Estado.

También debe contemplarse, siempre a los fines de análisis de la imputabilidad, que puede existir coincidencia entre las normas jurídicas, expresadas como protección de los valores fundamentales de la sociedad (siguiendo a F. Muñoz Conde)8 y la escala de valores del individuo, y también es justo señalar desde ya que puede existir incompatibilidad entre el sujeto y la norma, casi siempre como un problema de subcultura, y en cuyo caso no debe haber análisis pericial, pues no es del caso o del hecho, sino de una ética individual o del grupo de pertenencia, a quien igual se le pide que no agreda la norma genérica de convivencia o configuración social y que la respete, con lo cual queda a salvo el derecho de opinión y disenso.

Si recurriera a la codificación penal italiana y la invocara para aclarar, lograría los términos “capacidad de querer” y “capacidad de entender”. La primera frase guarda relación como la intelectualmente elegida, como opción mejor, o también como la autodeterminación de hacer o no hacer. “Capacidad de entender” se relaciona con el mundo de valores de la realidad externa y por consiguiente la aptitud para representarse y valorar la propia conducta y prever sus efectos.9

M. Cabaleiro Goás10 define al hombre como el “poseedor de libertad”. Se ha aceptado la libertad como la facultad y posibilidad humana de elegir: el hombre, decidiendo entre varias opciones, decide su vida y existencia en cada una de las circunstancias en que hubo posibilidad de decisión. La existencia del clásico “libre albedrío” nos lleva a la posibilidad de hacer o no hacer, de elegir o no elegir, de decidir o no decidir. Si se toman los conceptos de San Agustín puede señalarse el libre albedrío como la facultad de la razón y de la voluntad por medio de la cual es elegido el bien, mediante el auxilio de la Gracia, y el mal por la ausencia de ella. Sin embargo, la decisión es psicológicamente independiente de la voluntad. La libertad no es tal por la elección o por la simple decisión, sino que por el contrario es la libertad la que hace posibles las decisiones y sólo así puede darse la responsabilidad, tanto por la elección como por la decisión. Pero la libertad es frágil, necesita la condición de disponer de sí misma para la decisión, y también de una segunda condición que está dada porque las circunstancias no le cercenan camino en su posibilidades.

H. Ey11 expresa que “las enfermedades orgánicas son amenazas a la vida”, las “enfermedades mentales son atentados a la libertad”, y agrega que “en efecto, el proceso mórbido entorpeciendo, disolviendo la actividad psíquica disminuye la libertad y la responsabilidad del enfermo mental”, atribuyendo a la pérdida de autonomía de la razón y de la personalidad, al regreso subintegrado de la actividad psíquica a ciclos cada vez más automáticos y determinando precisamente esa pérdida de la libertad. Afirma que “la Psiquiatría es una patología de la libertad, es la Medicina aplicada a los debilitamientos de la libertad”.

El caso concreto y particular frente a cada hombre interferido en su libertad por la enfermedad, por la intoxicación o por ambas actuando simultánea o sucesivamente, continuada o intermitentemente, es el que demuestra precisamente la trascendencia de la alteración morbosa de su libertad, en el elegir y decidir su acción. Es lugar común el ejemplo ya mencionado del delirante celoso que puede no ser responsable penalmente en el homicidio de su mujer y sí ser lo en un robo o en una estafa, delitos ajenos a la
sistematización delirante que padece. Comprender relaciona los motivos y los actos que integran el hecho y no se debe confundir comprensión con explicación causal.

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