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Como os adelantaba EL ARCHIVO DEL CRIMEN hace unas semanas, Miguel Angel Santano, Comisario General de Policía Cientifica, ha participado en las jornadas de actualización “La Ciencia al Sericio de la Investigación Criminal”..

Sus hombres trabajan en la escena del crimen. Lo observan todo, lo analizan todo. «La inspección ocular es lo más importante para resolver un crimen», afirma Miguel Ángel Santano, comisario general de Policía Científica del Cuerpo Nacional de Policía. Las tecnologías de investigación que emplean los protagonistas de series como CSI son reales y hay agentes que las usan casi a diario. Miguel Ángel Santano, comisario general de la Policía Científica, explica cómo un simple capullo de insecto puede ser la clave para resolver un crimen o las miles de pruebas que es necesario recopilar en la investigación de casos tan importantes como la masacre del 11 de marzo. Estuvo en A Coruña para participar en unas jornadas sobre ciencia e investigación criminal.
 -¿Qué hace la Policía Científica?
-Cuando se ha cometido un hecho delictivo, nuestra labor es hacer una inspección ocular del escenario y recoger el mayor número de muestras, vestigios, huellas… Todo se traslada luego al laboratorio para trabajar tranquilamente. A veces, dependiendo de la importancia del delito o de su repercusión en los medios, se pretende que corramos más de lo que se puede, pero la ciencia tiene un tiempo.
-La ciencia permite indagar sobre aspectos que hace décadas sería impensable investigar. ¿Cuáles son los casos más importantes en los que ha trabajado?
-Hay muchos casos que se resuelven gracias a la ciencia. El caso más doloroso desde el punto de vista humano y quizás el que más trabajo nos dio fue la identificación de las víctimas de la masacre del 11 de marzo en Madrid. Recogimos 26.000 evidencias. Fue un trabajo de dos años especialmente intenso. La gran satisfacción fue que, con la aportación de nuestras pruebas, se pudo condenar a los culpables de esos hechos delictivos.
-Al hablar de policía científica se piensa en grandes medios, pero usted destaca la importancia de la inspección ocular, del primer momento.
-Y tenemos los medios, las instalaciones más avanzadas de Europa, 22.500 metros cuadrados dedicados a laboratorios. Pero de nada sirven si lo inicial no se hace bien.
-¿Qué es lo inicial?
-Un buen investigador tiene que reconocer la escena del delito. Se hacen fotografías y vídeos. Y en los grandes delitos tenemos una cámara que graba los 360 grados de la habitación, y un medidor láser. Después vemos el lugar representado gráficamente en tres dimensiones, pero con medidas reales.
-Es un trabajo delicado.
-Un investigador no puede entrar a lo loco en un sitio. Debe tener un recorrido predeterminado. Primero ve la habitación, refleja gráficamente cómo está todo. En nuestra investigación no cabe la improvisación.
-En países como Reino Unido hubo críticas a series de televisión como CSI por parte de aquellos que afirman que este tipo de programas televisivos enseñan a los criminales a ocultar sus fechorías. ¿Está usted de acuerdo con estas críticas?
-No estoy de acuerdo. Casi todas las técnicas que se ven en series que están bien hechas, como CSI, las utilizamos nosotros también. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que los hechos que se relatan están totalmente novelados. Si los criminales vieran CSI, lo que deberían hacer es dejar de delinquir, porque en la serie lo acaban descubriendo todo y en poco tiempo.
Eso tiene mucho que ver con lo que vemos en la televisión.
-Mucho que ver. Sé que hay detractores de esas series, pero yo las defiendo. Han popularizado lo que es la policía científica, y eso es importante porque las víctimas aprenden a no destruir pruebas. Es verdad que casi todo lo que se ve en CSI lo hacemos, pero naturalmente con la salvedad de que es una película. La diferencia es que lo hacen todo muy rápido y eso sí que induce a error. La gente piensa, cuando decimos que estamos haciendo análisis de ADN, que en una hora los tenemos listos. Las cosas no van tan rápido, pero yo creo que es bueno que se divulgue la ciencia policial.
-¿Cuál es el procedimiento que siguen los agentes para inspeccionar la escena del crimen?
-Todo tiene que tener un protocolo de actuación. Lo principal es que solo entren las personas indispensables para investigar. El investigador tiene que tener un recorrido claro para entrar y salir y tiene que seguir una determinada secuencia de acciones para no olvidar absolutamente nada. Hoy en día, lo primero que se hace es un reportaje con vídeos y fotografías. La infografía forense se desarrolla, básicamente, con una cámara que va tomando imágenes y que es capaz de recorrer toda la escena, a lo ancho y a lo alto. Tiene un medidor láser que permite determinar las distancias de la habitación. Así tenemos reflejado dónde está todo. Se pueden conocer, por ejemplo, las trayectorias de los disparos.
-¿Qué tipo de especialistas trabajan en España para la Policía Científica?
-Hay especialistas en huellas, biólogos y químicos que se encargan del análisis del ADN, físicos especializados en acústica forense, informáticos? Cada especialidad requiere personas con distintas titulaciones.
-También hay personas que se dedican al análisis de las balas y de las armas. -Las balas dejan mucha información porque, una vez disparadas, tienen unas marcas que son distintas para cada arma. -¿Cuál ha sido el caso que más le frustró?
-Una de las frustraciones que tenemos es la de no haber podido encontrar el cadáver de Marta del Castillo, porque los padres nunca van a quedar tranquilos hasta que aparezca el cadáver. La policía ha hecho todo lo que ha podido, pero ha sido imposible.
-¿Evoluciona el comportamiento criminal paralelamente al desarrollo de las tecnologías?
-Evolucionan permanentemente y no solo en la prevención de no dejar huellas ni rastros. También han aprovechado las nuevas tecnologías. Las bandas las usan cada vez más. Recuerdo casos de bandas que se dedican al robo de vehículos de gran cilindrada que han llegado a tener dispositivos que, con un sistema informático, permiten descubrir el código de funcionamiento.
-¿Existe la prueba perfecta?
-Sí, y más con los avances tecnológicos que tenemos.
-¿Y el crimen perfecto?
-No creo que exista. Para empezar, creo que la perfección no existe en nada. Puede coincidir la suerte de que el autor no haya dejado ningún vestigio, o la mala suerte de que el investigador no haya sabido encontrarlo, pero el crimen perfecto no existe.
-Pero hay casos sin resolver.
-Sí, pero siempre parto de la base de que los que hay se deben a una mala inspección ocular. Como no se haga bien puede escaparse algo que más tarde es imposible de descubrir.
-¿Cuál es su espina clavada?
-Hombre, como comisario general de la Policía Científica, el hecho de que no haya aparecido el cadáver de la niña de Sevilla, Marta del Castillo, pese a que se ha visto el importante trabajo de la Policía Científica, con las pruebas de ADN para imputar a los presuntos autores del crimen. Pero es una frustración que no aparezca el cuerpo y que esos padres puedan descansar.
-Usted era jefe de la Brigada Provincial de Madrid el 11-M. ¿Qué significó aquello?
-Fue el reto más importante que se abordó desde el punto de vista de la policía científica. Trabajamos con 26.000 evidencias, que había que analizar una por una. Fue un trabajo de dos años. Y la gran satisfacción, dentro de esa catástrofe, es que se llegan a aportar un gran número de pruebas al tribunal.
-¿Qué clase de pruebas buscan los agentes en el escenario de un atentado como el de los trenes de Madrid?
-Sirve casi todo. Es muy importante recoger casi todo lo que hay en una escena del crimen. Huellas de pisadas de los autores, huellas dactilares, ADN, restos de fibra de la ropa? Todo es importante.
-La ciencia ha avanzado tanto que cualquier elemento puede suministrar información. ¿Recuerda algún objeto o prueba especialmente llamativo que haya permitido resolver un crimen?
-Hay casos, por ejemplo, que se resuelven gracias a una simple mancha de sangre encontrada en el lugar de los hechos. Yo recuerdo un tiroteo entre bandas de los países del Este que utilizaban fusiles de asalto kalashnikov que ocurrió en Madrid. Fue un tiroteo de película en el que murieron varias personas. Conseguimos saber que habían tenido alquilado un piso tiempo atrás y, cuando el inmueble ya estaba limpio, localizamos sangre gracias al luminol, un reactivo que permite detectar manchas que no son visibles a simple vista. Esto nos permitió saber que una de las víctimas había estado allí. Después descubrimos más gracias a la entomología forense, porque localizamos un capullo de un gusano que nos permitió determinar la quincena en la que la víctima había estado allí. Sabíamos el ciclo de vida del insecto y pudimos conocer, gracias también a datos meteorológicos, la época en la que había aparecido ese capullo. El insecto había estado alimentándose del cadáver.
-¿La policía le está ganando la partida a los malos?
-Sí, porque cada día conseguimos identificar a muchos de los malos. Lo demuestra el hecho de que cada año aumentan los casos esclarecidos. Estamos ganando claramente la batalla a los malos.

Nubia Stella León Romero

Eddy Liliana Tovar Murillo

Universidad Cooperativa

de Colombia


Este articulo presenta una aproximación a la intervención psicológica del secuestrado y su familia en el postcautiverio, para ello se realizó una revisión teórica que inició con una aproximación histórica del secuestro en Colombia tomando como base las primeros casos reportados en el país e investigaciones cuantitativas que develaron los índices de secuestro en las últimas décadas. Así mismo se realizó una aproximación conceptual desde diferentes posturas. Posteriormente se realizó la caracterización del secuestro y sus posibles consecuencias tanto en la victima como en su familia, teniendo en cuenta todos estos aspectos, se una aproximación a la intervención psicológica que puede ser llevada a cabo desde las diferentes áreas de la psicología que han aportado en la prevención y rehabilitación de las victimas directas e indirectas de este delito.

Palabras claves: secuestro, intervención, postcautiverio, familia, secuestrado. This articulates it presents an approach to the psychological intervention of the one kidnapped and their family in the postcautiverio, for he/she was carried out it a theoretical revision that began with a historical approach of the kidnapping in Colombia taking like base the first cases reported in the country and quantitative investigations that develaron the kidnapping indexes in the last decades. Likewise he/she was carried out a conceptual approach from different postures. Later on he/she was carried out the characterization of the kidnapping and their possible consequences so much in it kills her as in their family, keeping in mind all these aspects, you an approach to the psychological intervention that can be carried out from the different areas of the psychology that have contributed in the prevention and rehabilitation of you kill them direct and indirect of this crime. Key words: I kidnap, intervention, postcautiverio, family, kidnapped.

 INTRODUCCIÓN El secuestro, sus connotaciones e implicaciones han sido objeto de intervención desde diferentes áreas del conocimiento , todos han arrojado datos relevantes relacionados básicamente con los estilos de enfrentamiento familiar y personal con los que se cuentan antes, durante y después del cautiverio , los cuales se encuentran influenciados directa o indirectamente por factores predisponentes, biológicos , psicológicos y relacionales. El estudio de secuestro surge como producto de la necesidad de conocer que aspectos se movilizan a nivel social, familiar y de relaciones interpersonales.

 El estado se empieza a interesar por este delito en la década de 1991, cuando aparece un incremento de los índices de secuestro, los cuales han sufrido variaciones en términos cuantitativos y cualitativos. A partir de los datos arrojados se diseñan estrategias de intervención desde lo jurídico, social, psicológico, y clínico que tiene como fin reestablecer el equilibrio emocional, social y económico.

 APROXIMACIÓN CONCEPTUAL E HISTÓRICA

 Para hablar de secuestro es necesario realizar una aproximación al concepto y al contexto colombiano. Etimológicamente, proviene del vocablo latino sequestrare que significa encerrar a una persona ilegalmente; también, en un primer momento fue denominado plagio, termino relacionado con red de pescar (Jiménez, J., 2001).

 Para el Ministerio de Justicia y del Derecho (2003), Titulo II Delitos Contra la Libertad Individual y Otras Garantías, Articulo 169 del Capitulo segundo, define el secuestro como:

 “El que arrebate, sustraiga, retenga u oculte una persona, con el propósito de exigir por su libertad un provecho o cualquier utilidad, o para que se haga u omita algo, o con fines publicitarios o de carácter político.”

 Desde la definición jurídica implica la violación de derechos fundamentales establecidos en la Constitución Política de Colombia, los cuales, se refieren en el Titulo II de los derechos, las garantías y los deberes, Capitulo primero: Articulo 11, Articulo 12, Articulo 13, Articulo 15, Articulo 16, Articulo 20, Articulo 21 y Articulo 28 (Barreto, 2000).

 El concepto jurídico define al secuestro como una conducta punible, no solo por el daño al bien jurídico sino porque implica el incumplimiento de normas y leyes preestablecidas. Sin embargo, no se evidencia la inclusión de factores psicológicos personales y sociales que se afectan ante la exposición de esta clase de actos.

 De esta manera, desde el punto de vista psicológico el secuestro es entendido como una perdida ambigua a nivel relacional, debido a que se produce una confusión de la existencia de la persona ausente porque existe una perdida incompleta e incierta (Molina, Agudelo, De los Ríos, Builes, Ospina, Arroyave, López, Vásquez y Navia, 2003).

 Existe una definición desde el punto de vista psicosocial, la cual, considera que los efectos producidos por el secuestro entendido este, como un recurso para impedir el apoyo de un enemigo a través de la represión aterrorizante y/o manipuladora, desencadena inseguridad en el ambiente social y traumas de tipo social o daño a la comunidad, psicológico como experiencias traumáticas que generan tensiones y psicosocial, que depende de la vivencia, posición y participación social (Díaz, 1998).

Las definiciones planteadas anteriormente proporcionan un marco conceptual que permite la comprensión del secuestro a nivel general, sin embargo, es necesario realizar una aproximación histórica en el contexto colombiano. En el siglo XIV se presenta el primer caso de secuestro llevado a cabo por Gonzalo Jiménez de Quesada, la finalidad del mismo era de carácter extorsivo debido a que solicitó a cambio de la libertad del Zaque de Quemuenchatocha oro y esmeraldas y una vez entregados este fue torturado y asesinado. Posteriormente se reporta en la década de los 30 una nueva situación de secuestro extorsivo, a partir de este momento se ha presentado una agudización del secuestro, el cual, a partir de los años 50 y 60 fueron ejecutados por movimiento guerrilleros, los cuales, se mantienen en la actualidad (Jiménez, 2001).

 Sólo hasta la década de los 90, el Estado Colombiano empieza a poner atención a la situación del secuestro debido al incremento de los casos en el país, da lugar en 1996 a la creación de País Libre y el Fondo Nacional para la Defensa de Libertad Personal, Fondelibetad. Estas dos organizaciones han realizado múltiples investigaciones sobre el secuestro, sus consecuencias, estadísticas, asesorias y programas de prevención. En un estudio estadístico llevado a cabo en 2001 fue posible concluir que entre 1996 – 2001 se han presentado aproximadamente 995 casos de secuestro de modalidad extorsiva, de los cuales, el 80% de los secuestrados han sido hombres, y un 91% son adultos mayores de 18 años. Así mismo, se evidencia un incremento de las tasas de secuestro en un 29% (Centro de victimología y criminología, 2001).

 Las estadísticas de los casos de secuestro entre el año 2003 y el 2004 indican que en el 2003 se produjeron 1244 casos y en el 2004 un total de 1003 casos, es decir, que se presento una reducción del 38.34%. De estos, 499 en el año 2003 y 481 en el 2004 están clasificados en secuestro simple, 110 casos en el 2003 y 62 casos en el 2004 de secuestro de menores y 17 casos en el 2003 y uno en el 2004 de secuestro a extranjeros. Los datos restantes hacen referencia a casos de secuestro extorsivo (Quiroga, 2004).

 Teniendo en cuenta los índices de secuestro en Colombia y la evolución histórica del mismo, el Estado Colombiano ha diseñado una serie de políticas estatales y gubernamentales, como un medio para contrarrestar los efectos físicos, psicológicos, sociales y económicos de esta conducta punible, dichas políticas se reúnen dentro de la Ley Antisecuestro, la cual inicia con el Decreto 1680 desde 1991 pero es sancionada con la Ley 40 de 1993.

 Dentro de las políticas de antisecuestro diseñadas e implementadas es posible referir: el acto legislativo contra la extorsión, es decir, congelación de activos de las familias de los secuestrados para evitar el pago de rescate, venta de pólizas de seguros contra secuestro, sin embargo, en la actualidad no se mantiene ninguna de esta políticas debido que se pone en riesgo la persona en cautiverio ( Christi, 2002).

 CARACTERÍSTICAS Y CONSECUENCIAS DEL SECUESTRO

Anteriormente se había definido el secuestro desde diferentes conceptos: el jurídico que implica una violación de normas y leyes, el psicológico con implicaciones en los procesos emocionales, de pensamiento, comportamentales y de relaciones interpersonales y el concepto psicosocial, relacionado con el mantenimiento del poder, a través, de acciones de sometimiento. Desde donde se conciba el secuestro, este tiene implicaciones y consecuencias para la persona que se encuentra en cautiverio y para su familia, los efectos que se generan aparecen en el mismo y persisten con intensidad una vez se ha terminado (Erazo, 2001).

 La situación de secuestro genera diversas reacciones, tanto, en la persona privada de la libertad como en su sistema familiar, sin embargo, existen manifestaciones, factores asociados y fases que se aplican a los dos sistemas. En cuanto a las reacciones se presentan cuadros emocionales particulares a nivel: emocional evidenciados en angustia, preocupación recurrente, sensación de impotencia y utilización del llanto y la tristeza como un medio para exteriorizar los sentimientos experimentados. De la misma manera, se presentan síntomas conductuales como reacciones heteroagresivas, hipervigilancia, síntomas psicosomáticos, aislamiento social y temor al contacto. Estas manifestaciones conductuales afectan el nivel interpersonal debido a la presencia de un deterioro de las relaciones por desconfianza, la consecuencia directa es el incremento del aislamiento, la soledad y la frustración. Se presentan sintomatología física y cognitiva, dentro de las cuales se encuentran trastornos del sueño, la alimentación y agotamiento físico, trastornos de la atención, concentración y memoria, respectivamente (Fondelibertad, 2002).

 Los efectos presentados por las victimas directas e indirectas en el secuestro, dependen de la existencia y correlación de factores externos e internos asociados a las características propias del secuestro, es decir, tiempo de cautiverio, condiciones alimentarias, sanitarias y emocionales, como recursos psicológicos, presencia de situaciones traumáticas, rol desempeñado y redes de apoyo afectivo y social. La experimentación de dichas consecuencias y la presencia de factores predisponentes se evidencian en las etapas de afrontamiento del evento.

 De esta manera, en la primera fase se manifiestan temores, ansiedad, irritabilidad y sentimientos de impotencia, dichas manifestaciones son llevadas a la segunda fase en donde se genera una desorganización critica, es decir, fallo en las estrategias de afrontamiento y resolución de conflictos. Cuando la familia y el secuestrado logran resolver los problemas emocionales se produce la resolución dando paso a la tercera etapa en donde, se toman decisiones para salir de la crisis generando nuevos recursos personales para enfrentar el acontecimiento (González, 2001).

 Cautiverio El primer momento asociado al secuestro, conocido como rapto genera una serie de reacciones en el plagiado y en la familia, inicialmente aparecen temores y ansiedad porque no se encuentra explicación para lo que esta sucediendo. El secuestrado a lo largo de su cautiverio desarrolla una serie de estrategias para enfrentar dicha situación dentro de las cuales se encuentra el recuerdo de experiencias vividas antes como un medio para mantener el control sobre sí mismo y sobre el entorno, sin embargo esto se ve afectado por las alteraciones en los procesos de pensamiento relacionados con el ordenamiento de ideas y la selección de respuestas (Centro de victimología y criminología, 2001) y las técnicas implementadas por los plagiarios como el uso del lenguaje, mentiras, engaños y silencios, castigos arbitrarios, ser testigo de atrocidades, pérdida de privacidad y espacio vital y cosificación (Centro de Atención a familias, 2003).

 Del mismo modo, la familia del secuestrado empieza a experimentar una serie de sintomatología asociada a las diferentes perdidas que conlleva la privación de la libertad, dentro de las cuales se encuentra disminución de ingresos familiares, sentimiento de perdida de autocontrol, de la seguridad en sí mismo, de los demás y de la comunidad, además, un incremento de la dependencia de personas o instituciones como estrategia de afrontamiento. La combinación de estos factores genera disminución del apoyo social por un incremento del aislamiento y la soledad (Murano, 2001). En cuanto a estructura familiar, se evidencia cambio de roles para ajustarse a la ausencia del secuestrado y permitir la evolución y el equilibrio del sistema en funcionalidad. La escogencia de roles no se da de común acuerdo entre los miembros de la familia, lo que genera conflictos entre estos. Con el tiempo el único rol que persiste es el del encargado de manejar el patrimonio familiar y reemplazar al secuestrado en sus funciones. Este miembro, al mantener una relación sobreinvolucrada con el subsistema parental, permite el establecimiento de un equilibrio funcional dentro del sistema (Torres y Uribe, 1998).

 Las modificaciones presentadas por el sistema familiar en cuanto a estructura y funcionamiento dependen de la etapa de afrontamiento de la situación en la que se encuentran. Ante este planteamiento Esguerra, Gómez y Buitrago (2003) , plantearon la existencia de cinco etapas que suelen ser experimentadas por la familia : a. Caos: aparecen interrogantes relacionado con la noticia, los cuales se encuentran acompañados de negación recurrente de la misma; b. Hermetismo : las características básicas son la espera, el silencio y la sospecha, las cuales generan tristeza, irritabilidad y sensación de impotencia; c. Dureza: se produce un detenimiento en el tiempo, acompañado de una aparente adaptación ,sin embargo, la familia experimenta fuertes tensiones emocionales, ambivalencia e incremento de la idea de regreso del secuestrado; d. Pacto: se produce la movilización de recursos que implica la presencia de tensiones emocionales por la supervivencia del secuestrado, esto se genera debido a la inminencia del desenlace de esta situación y e. Desenlace: indica la finalización del secuestro y el reencuentro con la familia. Durante esas etapas a parte de las reacciones emocionales propias de cada una la familia experimenta diversidad de sentimientos, dentro de los cuales se encuentran la impotencia, represión, temor y angustia (Centro de estudios en criminología y victimología, 2003).

 Post cautiverio

 Este nuevo proceso inicia con la quinta fase del duelo relacionado con el desenlace, la cual implica la terminación del cautiverio y el reintegro del exsecuestrado a la realidad. Al igual que el cautiverio, la liberación y el retorno al sistema familiar sugieren la aparición de una serie de síntomas que son recurrentes y pueden llegar a generar efectos negativos, los cuales pueden conducen finalmente a la ruptura de los vínculos familiares y sociales.

 Generalmente los las personas que han sido victimas del secuestro presentan el “síndrome del sobreviviente”, el cual, se caracteriza por la aparición de dolores de cabeza frecuentes, pesadillas recurrentes y estados de tristeza. Sin embargo, hay que tener en cuenta que muchas de las personas que presentan este síndrome, también lo presentaban antes del secuestro, por tanto, el secuestro no fue el origen de este, se puede decir que es mas bien un potenciador de estos síntomas.

 Después de la liberación los sujetos presentan euforia y deseos intensos de vivir lo que no pudo durante la fase del secuestro, luego de estos síntomas se presenta una fase de negación de la realidad donde el individuo hace a un lado todas las situaciones de dificultad durante el cautiverio, es decir, que durante este periodo no se va a presentar las huellas que deja el secuestro, estas se evidencian cuando la persona se adapta de nuevo a su medio y empieza a enfrentarse con la vida que dejó, disminuyendo así la euforia. Después aparece el temor de volver a ser secuestrado y tener que convivir en condiciones de cautiverio, este temor va desapareciendo a medida que va pasando el tiempo (Meluk, 1998).

El 80% de las condenas a inocentes se debe a un error de identificación – Algunas víctimas generan falsos recuerdos que sirven como única prueba.
psicologia forenseLa fase de identificación de sospechosos es fundamental para evitar errores.- HANK WALKER.

Olvidas lo que quieres recordar y recuerdas lo que quieres olvidar, dice el protagonista de La carretera, de Cormac McCarthy. Les pasa a algunas víctimas de delitos graves. Quieren olvidar, y no pueden, el momento en el que un desconocido se les acercó en una esquina oscura, les puso una navaja en el cuello y las violó o intentó asesinar brutalmente, sin piedad; y quieren recordar el rostro del criminal para que pague por lo que ha hecho. Pero no siempre pueden.

Esa cara borrosa puede adquirir nitidez gracias a una mentira involuntaria: se coloca a otra persona en la memoria y alguien que jamás tuvo nada que ver con el delito acaba en la cárcel, en ocasiones durante décadas, con la vida destrozada para siempre. Por culpa de los falsos recuerdos y de un sistema legal que los ignora y que cree ciegamente a las víctimas.

Esta semana ha salido a la luz un caso espeluznante. El Tribunal Supremo anunció su intención de absolver a Ricardo Cazorla, un hombre con una minusvalía física, psíquica y sensorial del 66% que había sido condenado a 36 años de cárcel por la Audiencia de Las Palmas en 2009. Los magistrados sostenían que había violado a tres chicas en 1997. Una de ellas vio a Ricardo en la calle en 2007 y creyó que era su agresor. Llamó a la policía y le detuvieron. Avisaron a todas las víctimas de la época del llamado violador de Tafira, nueve en total. Seis no reconocieron a Cazorla y estuvieron al margen del proceso. Pero la que lo había visto y otras dos más lo señalaron como culpable, aunque una de ellas tuvo muchas dudas al principio y no lo reconoció en las fotos de los archivos policiales.

Los magistrados Pedro Joaquín Herrera, Secundino Alemán y Carlos Vielba creyeron en la memoria de las mujeres a pies juntillas a pesar de las circunstancias. Las identificaciones se hacían 10 años después del delito. En 1997, las chicas habían declarado ante la policía que el lugar donde las habían violado estaba muy oscuro; o que el agresor les había impedido mirarle a la cara; o que llevaba un gorro que le cubría parte del rostro. En todos los casos era de noche. Además, Cazorla pesaba en 2007 unos 30 kilos más que el violador de 1997. A pesar de eso, los jueces consideraron que las tres chicas eran perfectamente capaces de reconocer “sin ningún género de dudas”, en ese cuerpo con muchos más kilos, a una persona a la que apenas habían podido vislumbrar 10 años antes.

El informe de la Policía Científica, basado en el análisis de muestras biológicas, excluía la culpabilidad de Cazorla. El Instituto de Medicina Legal de Las Palmas de Gran Canaria decía que el perfil genético del acusado no coincidía con los restos encontrados en el jersey de una de las víctimas. Sólo planteaba dudas respecto de la prueba del cromosoma Y porque sostenía que no había material suficiente como para que el resultado se aceptara como fiable al cien por cien (en cualquier caso, era negativo). Además, la mujer que lo reconoció en la calle ya había identificado sin ningún género de dudas unos años antes a otra persona que se demostró inocente gracias al ADN.

Una suma de factores impedían desvirtuar la presunción de inocencia de Ricardo Cazorla. Sobre todo, las pruebas científicas. Sin embargo, los jueces antepusieron, por encima de cualquier otra consideración, lo que decían las víctimas. El fallo dice que los testimonios se caracterizaron por “su persistencia, solidez y contundencia”. El problema es que los magistrados ignoraron la posibilidad de que se equivocaran. Y no siempre se puede creer a un testigo.

Nuestros recuerdos no son fiables. Más del 80% de las condenas a inocentes, según la ONG norteamericana Innocence Project (En España no hay ninguna estadística sobre el tema), tienen como base reconocimientos erróneos de víctimas y testigos.

Hacer una identificación precisa es mucho más difícil de lo que parecen pensar algunos jueces. Con un documental reciente (El quinto por la izquierda, de Producciones La Marea) se hizo un experimento interesante. Se simulaba un tirón en la pantalla y se enseñaba la cara del ladrón, a plena luz, durante más tiempo que en un delito real. Después se pidió a algunos espectadores (unos 300) que identificaran en rueda de reconocimiento al del tirón. Las condiciones eran óptimas. Los testigos no estaban sometidos a estrés y sabían desde el principio que se iba a poner a prueba su memoria. Aún así, cuando en la rueda no estaba el autor del tirón, sólo el 52% de los que habían visto la película cinco minutos antes dijo “no está”; y el porcentaje de aciertos bajó al 25% cuando la habían visto dos días antes. Esto significa que entre el 48% y el 75% señaló a inocentes.

Cuando en la rueda sí estaba el auténtico tironero, fue reconocido por el 32% de los espectadores cinco minutos después de ver la película, pero sólo por el 13% cuando habían pasado 48 horas.

Las identificaciones son complicadas. La pregunta es porqué un testigo se empeña y afirma “sin ningún género de dudas” (según la fórmula forense) que está convencido de que un inocente es culpable. En muy pocos casos se miente a sabiendas. Lo normal es que las víctimas estén seguras de que esa persona fue quien les agredió. Han puesto esa cara al delito y ya, incluso cuando lo recuerdan, lo hacen pensando en el rostro del inocente. Es una distorsión de la memoria.

¿Cómo pueden estar tan seguras de un recuerdo falso? “Sabemos que la exactitud de una identificación depende de varias causas (dificultades para ver la cara, alto nivel de estrés, paso del tiempo, ruedas de identificación inadecuadas), pero en cambio no sabemos tanto sobre las razones que hacen variar la seguridad de testigos y víctimas”, afirma Margarita Diges, catedrática de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid y especialista en la llamada psicología del testimonio. “Más allá de razones internas, individuales, una forma de incrementar la seguridad de un testigo es darle a entender que ha acertado, como sucede cuando señala una fotografía y más tarde ve en la rueda a esa misma persona”.

“Lo que sí está demostrado empíricamente es la falta de relación entre la seguridad del testigo o de la víctima y la exactitud de su identificación”, continúa Diges. “Sin embargo, pese a todas las demostraciones empíricas, lo que vemos en la realidad policial y judicial es que, cuando la víctima está totalmente segura de que el identificado es su agresor, esa seguridad se toma como garantía de exactitud incluso cuando hay pruebas científicas exculpatorias, por ejemplo, las de ADN”.

El momento clave es ese en el cual el testigo o la víctima piensa que quizá el que aparece en la foto es el culpable. Si en ese primer momento se reafirma, después no hará más que identificar de nuevo (y cada vez con más seguridad) al que vio en esa primera foto o rueda. Ya no lo compara con su recuerdo del delito, sino con la primera imagen que vio del sospechoso. Por eso es tan importante que no haya irregularidades en esa fase. Si eso se hace mal, si el policía insinúa que en una foto determinada podría estar el culpable; o le dejan ver al sospechoso en la comisaría por error antes de la rueda; o es la única persona de características físicas similares al agresor; después es muy difícil dar marcha atrás: ya se ha creado el falso recuerdo.

En España han aparecido numerosos casos en los últimos años. La semana pasada fue Ricardo Cazorla. En el verano de 2009, el Supremo absolvió al nigeriano Henry Osagiede de dos delitos de agresión sexual y robo con intimidación. El hombre, negro, había sido el único de su raza en las ruedas de reconocimiento. Las dos víctimas, que lo habían identificado sin ningún género de dudas, ya habían identificado antes y con la misma certeza, a otro hombre que, por fortuna para él, tenía pruebas de su inocencia.

A Rafael Ricardi lo condenaron por violación y pasó 13 años en la cárcel. Era inocente. Cuando fue detenido vivía en la calle y era toxicómano. Suele pasar en estos casos: el acusado injustamente es pobre, o inmigrante, o drogadicto, sin recursos, y no tiene muchas posibilidades de hacer valer su versión de los hechos, ni de contratar a grandes abogados -aunque algunos son condenados a pesar de la excelente labor de sus letrados de oficio-, ni saben cómo armar un escándalo mediático con la injusticia.

Hay casos estrambóticos, como el de Jorge Ortiz, condenado por atraco a mano armada. Había dos víctimas. Una no lo identificó. Otra sí, pero se retractó poco después, y antes del juicio, cuando le enseñaron la foto del verdadero culpable. Dio igual: el juez no la creyó y se empecinó en su primer testimonio. La delirante condena fue confirmada por el Supremo y el Constitucional ni siquiera admitió a trámite el recurso de amparo. Finalmente, fue indultado gracias al apoyo que tuvo, en todo momento, de la víctima que se había equivocado. Pasó dos años y medio en prisión, hasta que le suspendieron la ejecución de la condena.

La Justicia tiene serios problemas para enmendar sus errores. Una vez que hay una condena, en principio es inamovible aunque atente contra los principios más elementales del sentido común. Fue lo que sucedió en el caso de Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib, condenados por una serie de violaciones cometidas en Tarragona y Barcelona en 1991. Cuatro años después apareció el verdadero culpable, un español, pero sólo pudo probarse la inocencia de Tommouhi y Mounib en uno de los casos, el único en el que quedaban restos de ADN. Por el resto siguieron cumpliendo condena. Mounib murió en prisión en 2000. Tommouhi pasó entre rejas 15 años. Salió en libertad condicional en 2006. El Supremo no revocó sus condenas porque el recurso de revisión una vez que hay una sentencia es muy estricto: el acusado debe probar su inocencia, y en este caso no había ADN que analizar. El Gobierno tardó nueve años en decidir si lo indultaba o no, y al final optó por lo segundo. Nadie se atreve a sacar a un violador de la cárcel. Aunque en realidad no lo sea. Es otro de los grandes problemas de estos casos. Suelen ser delitos tan brutales que alguien tiene que pagar por ellos. Todos, las víctimas, sus familias, la policía, el fiscal, los jueces, quieren encontrar un culpable. Como sea.

El periodista Braulio García Jaén acaba de publicar un libro sobre el caso Tommouhi-Mounib (Justicia poética, Seix Barral), después de cuatro años de investigación, que ha ido contando al detalle en su blog (ladoblehelice.com). Lo que ha salido a la luz no es sólo un puñado de víctimas que se han equivocado en sus identificaciones, sino innumerables errores y chapuzas en la investigación policial y judicial, y en las sentencias.

“Una de las chicas que se equivocó en su reconocimiento, según probó después el ADN, vio antes de la rueda a los dos inocentes”, indica García Jaén. “Y los vio en el papel de sospechosos: a Tommouhi, esposado y conducido a los calabozos antes de la rueda de reconocimiento. Tanto ella como la decena de víctimas que esperaban sentadas en los pasillos del juzgado. A Mounib, curiosamente, no lo señaló las primeras veces que la Guardia Civil le mostró su fotografía, pero días después de que lo reconociera la víctima de otra violación ella también lo hizo. Años después declaró ante el tribunal que en las ruedas ni siquiera los había mirado, que directamente vio a los dos que eran y que en los otros ni se fijó. Y por supuesto no había tenido nunca ninguna duda. Se equivocó”.

“Los jueces, a menudo, sostienen que las irregularidades formales no influyen en el acierto o en el error de la identificación, pero resulta decisivo, porque las impresiones que se graban en la cabeza de la víctima no distinguen entre irregulares y correctas: sencillamente se graban”, concluye. Un ejemplo de falso recuerdo: una de las víctimas explicó que había visto a los agresores porque ese día había Luna llena. Era falso: la Luna ni apareció ese día.

Resulta sorprendente que con tantos casos de inocentes encarcelados, de características similares, los jueces sigan al margen de los estudios de la psicología del testimonio. “En la cultura judicial vigente, en particular en materia de delitos contra la libertad sexual, pesan mucho tres tópicos: que el juez tiene una especial capacidad para leer la verdad en el testigo; que por eso la testifical es una prueba de valoración fácil; y que el testigo-víctima merece un plus de credibilidad, por lo que su declaración inculpatoria o la identificación hecha por él, puede/debe bastar”, señala el magistrado del Tribunal Supremo Perfecto Andrés Ibáñez. “Son tópicos ampliamente desmentidos por la psicología del testimonio, y ninguno cierto. Pero no importa, porque son tópicos funcionales a cierto justicialismo reinante en la opinión pública y que, además, facilitan el trabajo judicial. Por otro lado, en el juzgado se opera con frecuencia a partir de aportaciones judiciales (identificaciones fotográficas, por ejemplo) obtenidas con cuestionable rigor”.

“No hay otra alternativa viable que un ejercicio de la jurisdicción respetuoso con la presunción de inocencia y las garantías procesales en el que se pierda el miedo a absolver (explicando el porqué) aun a sabiendas de que tendrá costes de impopularidad”, concluye el magistrado. “Y me parece necesario que este proceso de transformación de la cultura judicial vaya acompañado de otro no menos profundo de transformación también de la cultura y las prácticas de los informadores”.

Los últimos estudios científicos muestran que los falsos recuerdos se generan en una parte distinta del cerebro que los verdaderos. Esta sería la prueba definitiva, incontestable. Si lográramos leer el cerebro humano con una máquina no habría más inocentes con la vida destrozada porque alguien, sin mala fe, los señaló por un error de su memoria.

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/memoria/mal/testigo/elpepisoc/20100207elpepisoc_1/Tes#

Para confirmar que un suicidio ha sido simulado y que en realidad lo que esconde detrás es un asesinato, los forenses echan mano de los psiquiatras, alguno de ellos expertos también en forensia, para que realicen la autopsia psicológica de la víctima.

Aunque siempre existe un componente psicológico al efectuar el examen del cadáver (habitualmente para buscar la motivación del homicida y la resistencia de la víctima), en los casos de duda esta prueba se hace todavía mas importante.

Las autopsias psicológicas surgieron en la década de 1930 en los Estados Unidos, por el elevado índice de suicidio que acarreo la crisis económica del 29.  Después, estos estudios se paralizaron hasta que a mediados del siglo XX resurgieron en el mismo país que los vio nacer. Ahora, se esta convirtiendo en el eje de estudio para combatir los suicidios en Japón y en los países nórdicos donde estas depresiones que llevan a la muerte se han convertido en un gran problema, al constituir la mayor causa de fallecimiento de sus población.

Como la de otros investigadores, la función del psiquiatra es descodificar mensajes, habitualmente subjetivos, pero en estos casos los expertos aseguran que es mas sencillo porque “los muertos mienten poco”. Por eso, el psiquiatraforense debe acceder a lugares intimos de la víctima y a los informes en relación a la muerte de los investigadores y otros peritos.

Su trabajo comienza en la escena del crimen y mientras los agentes de la inspección ocular “levantan” huellas dactilares y otras pruebas, este experto levantara las huellas psicológicas de la víctima que han quedado en los espacios en los que habito y en las personas que tuvieron relación con ella, incluso, con quienes la vieron en las ultimas horas y percibieron su actitud.

Para ellos, el rostro de la víctima al morir y la posición en la que aparece, es el mejor punto de partida. En ella se refleja si la persona era consciente de lo que se avecinaba, Por ejemplo, si una persona se suicida estampando su coche tendrá la cara tensa, con el labio inferior contraído y los dientes apretados: sabia lo que le iba a pasar. Mientras que en otro tipo de suicidios, por ejemplo con algunos tóxicos, es probable que mantenga una expresión cercana a la serenidad.
Pero no siempre es posible que estos especialistas acudan, aunque si tendrán acceso a las fotografías de los investigadores. También le llegara el informe y a partir de entonces indagara si las lesiones o la forma de morir es compatible con el carácter de esa persona.
Algunos psiquiatras mantienen que la manera de suicidarse varía según la constitución física, la cual esta asociada a la personalidad.
Existen tres tipos:
-Leptosomatico: Se caracteriza por su delgadez. Es una persona que oscila entre la frialdad y la hipersensibilidad y su suicidio requerirá una gran preparación midiendo todos los acontecimientos, escogiendo con mucha probabilidad un lugar alejado pensando aun en si estará todo listo para el acto: puede emplear un arma de fuego o veneno.
-Atlético: Tiene un esqueleto fuerte con una musculatura desarrollada, es una persona reiterativa, tenaz y calculadora que acabara con su vida de forma brusca, por ejemplo ahorcandose, pero lo hará buscando que la culpabilidad moral recaiga sobre alguien cercano que, seguramente, sera quien encuentre el cuerpo.
-Pícnico: Persona bajita y regordeta que pasa de la exaltación a la depresión con facilidad. Según los psiquiatras, se suicida de manera llamativa debido a su carácter pasional, por lo que optan por quitarse la vida de una forma ostentosa como por ejemplo tirándose a la vía de un tren o degollandose frente a un espejo.

El suicidio de niños y adolescentes: coincidirá en parte con esta personalidad inmadura y fantástica. Ellos anuncian su muerte a los cuatro vientos y para morir elegirán por ejemplo, tirarse por una ventana, para que todo el mundo vea lo mal que le tratan sus padres, amigos o pareja. La diferencia que hay entre los niños y los picnicos es que aquellos no son conscientes de la irreversibilidad de la muerte. Solo es una forma de escapar.

Ademas de estas lineas generales, en apariencia subjetivas, la autopsica psicologica es un metodo riguroso y cientifico debido al proceso de elaboracion que tiene.

El psiquiatra lee los diarios, las cartas, ve fotografias y bucea en los pensamientos y deseos mas intimos de la victima. Analiza sus antecedentes psiquiatricos y delictivos si los tuviera, sus costumbres diarias, si consumia alcoholo drogas y en que cantidad, sus miedos… La teoria es que el miedo acompaña al individuo hasta en su forma de morir: alguien que padezca de vertigo jamas se suicidara tirandose por una ventana.

Despues, el psiquiatra da el salto a las entrevistas personales con familiares, amigos y vecinos, compañeros de estudio, trabajo, religion… Debe estudiar las relaciones de pareja, aunque esta nosea formal o publica, da igual que edad tenga la victima. Es importante que la muestra de entrevistados sea amplia, pero tambien selectiva. Debe excluir a los sospechosos pues pueden manipular la informacion que los demas facilitan al psiquiatra.

En estas entrevistas el experto busca sobre todo algun sintoma previo al suicidio. Los especialistas aseguran que a no ser que se trate de un delirio, supuesto en el que entraria en juego una enfermedad mental, todos los suicidas anuncian sus intenciones de una manera o de otra. “Nunca falla”, dicen con rotundidad. Asi que cuando algun allegado advierta de sus deseos de morir no hay que pasar por alto el aviso.

Despues, el experto indaga en los antecedentes psiquiatricos, medicos y delictivos de los familiares. Para ellos, las personas no somos solo un producto genetico, ademas somos producto de nuestra historia y de la conducta de nuestra familia. Si la victima ha visto o sufrido agresiones en su entorno y si algun pariente ha tenido antecedentes de problemas psiquiatricos, pueden haberle causado un trauma que lo haya conducido al suicidio.

Diagnostico: Asesinato…
Una vez reunidos todos los datos, se ponen sobre la mesa y se intercambian impresiones con todos los agentes involucrados en la investigacion: medico forense, investigadores cientificos y de homicidios. El intercambiar criterios sustenta las conclusiones que aparezcan en la autopsia psicologica.

El punto final de la autopsia psicologica esta en la elaboracion del informe. En este documento tiene que constar:

a)Un perfil de la personalidad del individuo.

b)Una valoracion de los factores de riesgo suicidas, agresivos y accidentales.

c)Una valoracion de su estilo de vida, que incluya que incluya el estado mentalen el que se encontraba en el momento de la muerte.

d)Se plasmaran tambien sus conflictos personales y las motivaciones que pudieron llevarle al suicidio.

e)Se determinara si existieron señal su asesino.es de aviso presuicida, para concluir si en el momento antes de morir podia encontrarse en tal estado de desequilibrio que le llevase a morir intencionadamente.

Cuando el informe arroja una conclusion desfavorable a la aparente causa de la muerte, el suicidio, el trabajo del psiquiatra pone luz a mas aspectos de la investigacion. Con los testimonios y el conocimiento de la intimidad, los conflictos y motivaciones de la victima, es capaz de reunir un circulo de sospechosos que hayan podido relacionarse con ella. La teoria es que victima y verdugo poseen caracteristicas complementarias, es casi como decir que a cada tipo de victima, un tipo de asesino.

Fuente: http://ellaboratoriodegwen.blogspot.com/2007/10/autopsia-psicologica-suicidio-o.html

MONTERREY, Nuevo León. 22 de abril (apro).- Carente de una política criminógena, el gobierno de Felipe Calderón ha destinado sus esfuerzos a combatir consecuencias y no el origen de la problemática, afirma el presidente del Colegio de Licenciados en Criminología de la República Mexicana, Ramiro Ramírez Pérez.

En entrevista, refuerza su dicho con una metáfora:

“(La de Felipe Calderón) es una política errónea, que pretende erradicar el problema matando moscas, pero sin remediar el basurero”.

Licenciado en Derecho, en Criminología y en Trabajo Social con maestría en Altos Estudios Internacionales, el especialista insiste en que, mientras el estado mexicano sea incapaz de erradicar las causas de la actividad criminal, atacando con violencia los efectos de ésta, no se podrá erradicar ni lo uno ni lo otro.

El también maestro investigador de criminología en la Universidad Autónoma de Nuevo León, doctorado en derecho por la Universidad Complutense de Madrid, con la tesis “Enfoque Biojurídico de la Drogadicción en México”, es actual director de la Academia Regional del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que capacita con fondos federales a las policías locales de Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila, Zacatecas y San Luis Potosí.

Ramírez Pérez afirma que las claves están en la urgencia de políticas sociales, a las que se integra la política de seguridad.

“La prioridad está en el fortalecimiento del sistema educativo, en la atención a la salud y en el combate a la pobreza, pues estos son los factores criminógenos constantes en el análisis de la conducta delictiva”, sostiene.

Agrega que el análisis no debe malinterpretarse, pues no se quiere decir que la delincuencia esté asociada a la pobreza, sino que la ausencia de oportunidades coloca a la población en condiciones de mayor vulnerabilidad frente al crimen.

El orden de los factores, a su juicio, es importante, pues además del rezago histórico en la brecha de desigualdad, uno de los aspectos más desatendidos por el gobierno mexicano es el de la prevención de adicciones que, ante la falta de una medición precisa sobre las condiciones del consumo, sólo puede referirse como uno de los factores que exacerban la violencia.

A pregunta expresa sobre los perfiles sociopáticos de la violencia actual, en que fusilamientos, tiroteos, mutilaciones, decapitaciones y tratos crueles e inhumanos entre grupos delictivos que se han asimilado a la cotidianeidad mexicana, Ramírez Pérez afirma que si bien esas conductas pueden tener orígenes diversos, siempre hay un desencadenante que, en el proceso violento vigente, tiene que ver generalmente con el consumo de alguna sustancia tóxica.

“Sea cual sea su perfil antecedente, en algún momento el ejecutor tiene consciencia de que está haciendo mal. Pero sucede como con los soldados estadunidenses que eran abastecidos de droga para desinhibirlos en la ocupación”.

Radicado en Monterrey, Ramírez Pérez ha mantenido su actividad docente por 30 años, ha publicado dos libros denominados “Recetas Caseras”, que con consejos prácticos recomienda a familias algunas claves para prevenir conductas delictivas y cuyos ejemplares se distribuyen en barrios pobres de esta zona metropolitana.

Pero insiste en el orden de los factores que debería implicar la política de combate a la inseguridad, que luego de preconizar la política social y de salud, debe atender la forma en que se persigue el delito.

“Frente a los índices de impunidad, superiores al 90%, es claro que la ausencia de una policía científica imposibilita al ministerio público para actuar con la fuerza suficiente y que no pierda en tribunales”, afirma Ramírez Pérez quien dedicó 20 años de su vida a ser agente del ministerio público federal y subdelegado de la Procuraduría General de la República.

No obstante, afirma que la pinza se debe cerrar en torno a la rehabilitación, otro de los factores que han fracasado en México, debido a la ausencia de tratamiento penitenciario, con lo que se materializa con frecuencia el lugar común que alude a las cárceles mexicanas como escuelas del crimen.

De fracaso en fracaso, retoma su crítica al modelo de combate asumido por el gobierno federal en los últimos años, en que de las policías se pasó al ejército y ahora a la Marina Armada de México, para combatir el delito.

El resultado, dice, ha sido el debilitamiento institucional con múltiples efectos, entre los que destacan las pesquisas judiciales contra los cuerpos policiacos, pues sostiene que “con la bandera de depurarlos, dan de baja a policías entrenados que, con el antecedente y el estigma, difícilmente encontrarán otra actividad redituable que no sea la delincuencia”.

Para el criminólogo,  “mucha gente está sacando jugo al escenario de violencia que prevalece en el país, pero por ninguna parte se ve disposición política para hacer las cosas que hacen falta, los factores necesarios para establecer una política integral”.