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Bisexual, “chico de compañía” bajo el nombre de “Ángel” y ex actor porno, el canadiense Luka Rocco Magnotta, detenido este lunes en un cibercafé de Berlín, alcanzó la fama al ser el principal sospechoso de un sádico asesinato, pero su vida está llena de zonas oscuras.

Una orden de captura internacional en su contra, emitida en Montreal tras vinculárselo al descuartizamiento de un estudiante chino, describe a Magnotta como un hombre de 29 años, delgado, de 1,78 metros de estatura y 61 kilos de peso, pelo negro y ojos azules.

Pero la policía sabe que este hombre, que presuntamente filmó el horrendo asesinato y lo divulgó en internet, no sólo se ha hecho cirugías plásticas en el rostro, según trascendió, para parecerse a James Dean, sino que suele cambiar de apariencia, tiñéndose el cabello, usando pelucas o disfrazándose de mujer.
Los medios de comunicación lo han apodado “el psicópata canadiense” porque en el video del crimen de Montreal un hombre apuñala con un picador de hielo a otro hombre atado y al desmembrarlo suena de fondo la canción de la película “American Psycho”.

Según la orden de captura de Interpol, Magnotta es también conocido como Eric Clinton Newman y Vladimir Romanov. De hecho, se llamaba Newman, su nombre de nacimiento, hasta 2006, cuando se cambió oficialmente a Magnotta.
No es fácil conocer detalles sobre su vida debido a la estricta protección de la intimidad de las personas en Canadá. Miembros de su familia, entrevistados en el frente de su casa en Peterborough, un barrio residencial al noreste de Toronto, simplemente afirman que perdieron contacto con él desde hace “algún tiempo”.
Y es difícil considerar confiable la abundante mitología personal que el propio Magnotta creó durante años a través de escritos y fotografías en internet.
Él se presenta como de origen ruso, pero en realidad nació en Toronto y pasó parte de su infancia en Scarborough, una barrio residencial de esa ciudad, la más grande de Canadá.

Frustraciones
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Magnotta se habría convertido en “chico de compañía” (taxi boy), en otras palabras, en prostituto y stripper, a los 18 años. Trabajó bajo el nombre artístico de “Ángel” en un bar gay en Toronto, el Remington’s, de acuerdo con la artista transexual canadiense Nina Arsenault, quien afirmó haber tenido un romance con él.
En 2005 fue acusado de estafa a varias tiendas y de robo de 16.900 dólares a una mujer y condenado a nueve meses de prisión, pero su sentencia fue suspendida y quedó en libertad condicional.
Más recientemente, Magnotta trató de ganar notoriedad con la publicación de videos en YouTube donde torturaba a gatitos. También se declaró necrófilo y próximo a las tesis estadounidenses de la supremacía blanca.
En internet también decía trasladarse en limusinas y viajar alrededor del mundo, pero últimamente había alquilado un pequeño apartamento en un barrio modesto de Montreal.
Entrevistada por la cadena de radio y televisión CBC, Nina Arsenault lo describió como “mentiroso, manipulador, irascible y a menudo autodestructivo”. En sus escritos, Magnotta sugiere haber sido golpeado y abusado sexualmente, haber probado el alcohol y las drogas y ser maníaco-depresivo. También se habría unido a la Iglesia de la Cienciología.
Según el psiquiatra Gilles Chamberland, entrevistado por Radio-Canada, Magnotta habría sufrido una gran frustración y “exuda rasgos narcisistas, de tipo histérico y antisociales”.
Magnotta muestra un narcisismo llevado al extremo, llamándose a sí mismo “increíblemente bello”.
“Yo no soy gay, pero si lo fuera, me casaría y estaría obsesionado conmigo”, escribió una vez.

Con el tiempo Magnotta habría llegado a “negar su sufrimiento”, antes de buscar una salida pasando a la acción, dijo Chamberland.
Si fuera el autor del crimen en Montreal, donde la víctima, Lin Jun, de 32 años, oriundo de Wuhan, la capital de la provincia china de Hubei, fue descuartizada y las partes de su cuerpo enviadas por correo a los partidos políticos, Magnotta podría sentir cierto alivio.
Pero esto podría ser sólo transitorio y es probable que reincidiera, advirtió el psiquiatra.

Fuente:    http://www.panorama.com.ve/portal/app/vista/detalle_noticia.php?id=19604

El detenido, acusado de matar a la mujer, aparece como un hombre violento y controlador.

Los peritos psiquiátricos que analizaron a Daniel Lagostena, detenido por el crimen de su pareja Érica Soriano, determinaron que es “mentiroso, manipulador” y que “simula emociones que no tiene”.
El informe médico fue clave para que el juez decidiera apresar al principal sospechoso de la mujer que desapareció el 21 de agosto de 2010, cuando estaba embarazada de 3 meses, según publicó este viernes el diario Clarín.
Los peritos indicaron que Lagostena “fue irónico, se hizo repetir varias veces las preguntas y se burló de los profesionales”.
“Quiso demostrar control de la situación, hacerse ver superior y víctima de la Justicia y de la Policía, a la que señaló como tendenciosa”, señalaron los profesionales en el informe.
El documento agrega que si bien “la desaparecida es su pareja, él se ubica rápidamente en víctima, tratando de desdibujar la figura de Erica. No coincide la conducta desplegada a partir de la desaparición de su pareja con el amor intenso que dice profesarle”.
Según los peritos, él “le exigía de Érica una admiración que no estaba acorde con su trayectoria y logros” y precisaron que “para causar buena impresión en los demás (Lagostena) emplea diferentes estrategias, como simular emociones que no tiene, como amor y amistad, o contar historias que lo dejan en un buen lugar, aunque sean falsas y exageradas”.
En ese contexto, remarcaron que “para él, los demás son objetos al servicio de su satisfacción”.
“Llama la atención la marcada frialdad (de sospechoso) para aquellos que tanto dice amar, especialmente Érica y el hijo de ambos (en referencia al embarazo). Es despreciativo y denigrador y desliza infidelidades por parte de Erica por él sospechadas, de las que toma conocimiento a partir de testimonios del expediente”, precisaron los peritos.
En tanto, tres de las cinco mujeres con las que Lagostena convivió antes de formar pareja con Érica aseguraron que fueron maltratadas y violentamente golpeadas.
Una de ellas identificada como Alejandra T. contó que vivió con el sospechoso ocho años y que él “acostumbraba a pegarle patadas en el abdomen y en la cabeza hasta que la dejaba desmayada en el piso y que cuando estaba enojado, la despertaba a medianoche y le tiraba agua fría con un balde”.
Por su parte, María C. recordó que a los siete meses de estar con él quedó embarazada: “Daniel me pidió que no tenga el bebé. En dos oportunidades me pegó, y en una de esas ocasiones me provocó un corte en la cabeza”.
En ese contexto, la hipótesis del fiscal es que el 21 de agosto Érica nunca salió de la casa que compartía con su novio en Lanús. En cambio, habría sido asesinada en esa vivienda entre las 22 del día anterior y las 5 de la madrugada del día siguiente.
Según la causa, en la tarde del 20 la pareja fue al médico. Al volver, Érica llamó a una amiga y luego nunca más se supo de ella.
Asimismo, el abogado de la familia Soriano, Marcelo Mazzeo, destacó otras pruebas que involucran a Lagostena: una mancha de sangre debajo de una mesa de la casa, que había sido lavada, y restos de una bombacha quemada en la chimenea.

Fuente: http://www.minutouno.com.ar/minutouno/nota/167099-el-perfil-psiquiatrico-de-la-pareja-de-erica-soriano/

Con la el supuesto suicidio de  Adriana Cruz , se clausuró el proceso que ella misma había abierto desde su despecho de mujer abandonada, en un derrotero vengativo contra su esposo, en el que mato al hijo de ambos.

La opinión de los especialistas en salud mental deja lugar a una interpretación provisoria del dramático decurso de los acontecimientos en la psiquis de esa madre capaz de matar al hijo para castigar al esposo.

Se sabe, porque fue objeto de una opinión pericial, que Cruz era imputable porque pudo comprender y dirigir lo que hizo, es decir, ahogar a su hijo de seis años, Martín, en el jacuzzi de su casa en un country del partido de Presidente Perón.

Provisionalmente, los psiquiatras consultados por LA NACION interpretan que la mujer podía haber padecido un trastorno fronterizo de la personalidad que facilita actos impulsivos extremos conocido como borderline.

El borderline mantiene relaciones interpersonales idealizadas e intensas, y realiza ingentes esfuerzos para evitar ser abandonado. Para comenzar a entenderlo, un ejemplo típico -aunque con los obvios condimentos de su adaptación al entretenimiento cinematográfico- es el de Alex Forester, el personaje que encarna Glenn Close en la archifamosa Atracción Fatal. Abandonada, adopta la variable acosadora y, en su camino, no trepida en dañar a todo cuando rodea a su objeto de deseo.

El borderline realiza, con su parte psicótica, un fino escaneo de las debilidades de su antagonista, lo que un neurótico no puede hacer, porque su neurosis, precisamente, lo somete a límites que no puede trascender. Con frialdad y desinhibición, advierte cuál es el flanco más débil de su interlocutor para producirle un daño moral irreversible, sin solución.

En cuánto a cómo es posible que, en esa venganza (a diferencia de aquel personaje de Glenn Close que mata al conejito de la hija de su amante-perseguido), una madre sea capaz de matar al hijo que ha llevado en el vientre, los expertos aluden al concepto de cosificación. En cualquier situación de víctima, aquel que debe “destruir a alguien”, tiene que anestesiar aquello que podría inhibirlo para la acción. Para eso se cosifica la víctima, que deja de ser una persona -hijo, o lo que sea-, y se lo destruye más fácil. Este es el mecanismo.

En el caso de Cruz, y su elección del hijo menor y varón como prenda de la venganza, tanto el sexo masculino como la identificación con el padre podrían haber sido aspectos que por sí mismos marcaron el destino del chico, según los especialistas.

Adaptado este modelo analítico al caso de Adriana Cruz, los especialistas notan que su desenlace fatal, producto de su propia decisión, no se advierte como un arrepentimiento, como una liberación, sino que, a falta de base neurótica podría operar como una burla final, una forme de escaparse para no asumir el peso de los hechos y dejárselos al otro.

Eso la diferencia del clásico asesino psicópata, que encontraría una alternativa para sobrevivir, que no se inmolará por la culpa ni por el fracaso. Su impulsividad, la magnitud del hecho realizado, y el hacer una autoincriminación tan cándida -como cuando reconoció, ante las cámaras, que había matado al hijo para vengarse del marido que la había traicionado- se ajustan al modelo del impulsivo extremo.

El ataque destructivo, que parece irracional, dirigido a la persona que ha abandonado al agresor, no es infrecuente en nuestro país. En este caso se dio espectacularmente, pero otras cuestiones como el maltrato crónico o el abuso sexual son moneda corriente, y objeto cotidiano de intervenciones judiciales.

 Nieves Abarca, historiadora de Arte, y Vicente Garrido, criminólogo y doctor en Psicología.  Levante-EMV

Criminólogo y coautor de la novela “Crímenes exquisitos”. El criminólogo y perfilador valenciano Vicente Garrido acaba de publicar un relato trepidante en el que plantea uno de los escenarios más terribles: un psicópata con alma de artista que trata de vengar sus demonios modelando sus obras a partir de las mujeres que viola, tortura y asesina.
TERESA DOMÍNGUEZ VALENCIA
El criminólogo, psicólogo forense y experto en perfiles criminales Vicente Garrido ha decidido adentrarse en el mundo de la ficción literaria después de publicar numerosos ensayos sobre asesinos en serie y delincuencia juvenil. Lo ha hecho compartiendo firma con la historiadora de Arte gallega Nieves Abarca creando un novela negra que desgrana los crímenes cometidos en A Coruña y Londres por un psicópata enamorado del Arte.
¿Un crimen puede ser exquisito? ¿No es una paradoja formada por dos términos irreconciliables?
En efecto, precisamente el título busca ese resultado de sorpresa en la comprensión del lector. Todo crimen es deleznable. Sin embargo, esa expresión refleja la psicología del asesino, una de sus motivaciones profundas, y en ese sentido es importante.
¿Cuánto de experiencia profesional han depositado usted y Nieves Abarca detrás del relato de los crímenes de este psicópata para perfeccionar sus “obras de arte”?
En el libro hay recogidos muchos de mis conocimientos como criminólogo, almacenados a lo largo de muchos años, en los que he tenido oportunidad de entrevistar y estudiar en profundidad a muchos asesinos y psicópatas, incluyendo asesinos múltiples. También he procurado reproducir todo el proceso laborioso de la investigación criminal, que es mucho más arduo y frustrante de lo que solemos ver en películas y series de televisión. Por otra parte, Nieves Abarca también colaboró con su gran cultura artística y su conocimiento de la policía, ya que es también una especialista en perfiles psicológicos. Pero déjeme decirle que la verosimilitud no es un fin en sí mismo, sino que está al servicio de un argumento y de la evolución de la trama, uno de los aspectos que más hemos cuidado en el libro.
¿Por qué en España, y en Europa en general, producimos menos asesinos seriales? ¿Están preparadas nuestra policí?a y nuestra Justicia para afrontar un caso similar al que ustedes plantean en su novela?
Europa tiene menos asesinos en serie que EE UU porque allá hay unas condiciones culturales y sociales que propician la ambición, el hedonismo y la búsqueda del poder, todo lo cual es un caldo de cultivo para el crimen, particularmente si lo anterior se une al intenso individualismo de la sociedad americana. En Europa, los vínculos personales y familiares son más importantes, y eso frena la figura del “cazador” solitario de vidas humanas. Por lo que respecta a la otra pregunta, la policía española ya ha tratado con éxito con asesinos en serie en el pasado (Tony King, Remedios Sánchez, Joaquín Ferrándiz…), y de igual manera podría actuar con éxito en el caso que plantea la novela.
¿Por qué A Coruña y Londres, y no Valencia, como escenario de los asesinatos de El Artista?
Nieves Abarca vive en A Coruña, mientras que Sanjuán vive en Valencia. Eso nos llevó a pensar que Sanjuán tendría que ir a un territorio desconocido para enfrentarse a esa amenaza desconocida y formidable. Londres servía como contrapunto para hacer que el “thriller”respirase con otro escenario diferente.
¿Por qué un Artista? ¿De dónde brota la inspiración sobre este personaje?
La idea de que el Arte esconda el horror es una idea que a Nieves y a mí nos subyugó desde el principio, porque demuestra que el Mal puede esconderse en cualquier reducto de la actividad humana.
¿La novela sigue la estela del éxito que los relatos policiacos y la investigación sobre mentes criminales han demostrado tener en las librerí?as y en la televisión, o es un proyecto antiguo que ha visto la luz ahora?
Hace tiempo que Nieves y yo queríamos escribir una novela, pero sólo hace un par de años que encontramos el tiempo para hacerlo. Por otra parte, queríamos de algún modo escribir un “thriller” español que no dependiera de nombres imposibles de pronunciar (escandinavos) o de referentes culturales en ocasiones muy ajenos a los nuestros. Además, queríamos representar la mente del asesino como nunca antes se había hecho, dejando que el mal se expresara en toda su nitidez, no con elipsis o clichés que son siempre reductores cuando no ya aburridos.
¿Qué ha sido lo más complejo y lo más dificultoso en la gestación conjunta de esta obra?
En realidad la discusión previa de cada componente esencial de la novela; una vez tuvimos claro todo el guión o la historia y la identidad de los personajes, el proceso fue relativamente rápido y ¡divertido!
¿El asesinato puede surgir como un ejercicio de poder intelectual frente al trabajo policial o realmente sólo un móvil producto de la mente del asesino empuja a éste a cometer el acto último para derribar los muros de la ética humana?
La fuerza del crimen proviene del odio y el resentimiento; el intelecto interviene a la hora de expresar esa perversión, y para ello genera una dinámica en la que tanto su intelecto como sus emociones le produzcan el placer de, por una parte, poseer por completo a las víctimas y, por otra, desafiar a la policía.
¿Les gustarí?a que el Artista terminase siendo el protagonista de un gran cartel cinematográfico?
¡Ojalá…! Pero nos gustaría más que lo fuera la protagonista positiva de la novela, la inspectora Valentina Negro, quien se enfrenta al Artista desde el miedo y el coraje.
Al primer relato de ficción de Garrido y Abarca no le falta uno solo de los ingredientes que debe contener una buena novela negra: una inspectora de policía intuitiva, pero metódica, un criminólogo famoso y certero, redes de prostitución con chicas demasiado jóvenes, corrupción política, un mafioso ávido de obras de arte, periodistas sin escrúpulos en busca de una primicia, una secta sadomasoquista que se reúne en una mansión en plena campiña inglesa y, como hilo conector de esos personajes, un psicópata devorado por el ansia de venganza que siembra un rosario de cadáveres entre A Coruña y Londres para recrear obras de arte a partir de los cadáveres de mujeres a quienes viola y tortura sin piedad hasta que la muerte las libera.
El primer crimen. La trama parte del secuestro de una joven coruñesa de familia adinerada, que pronto se complica cuando su cadáver aparece flotando en un estanque, vestido con un exquisito vestido de novia y mimosamente rodeado de flores. Es la recreación perfecta y perversa de la Ofelia muerta que retrató a mediados del siglo XIX el pintor inglés J.E. Millais. Lo que la inspectora Valentina Negro, perseguida por sus propios fantasmas personales y familiares, intuye pronto como un crimen fuera de los cánones habituales no es más que el aperitivo del horror que está por venir, y que Garrido y Abarca van tejiendo con una narrativa ágil y cambios constantes de escenario y personajes, intercalando las diversas tramas para finalmente hacerlas confluir en una sola. Consiguen así llevar al lector en volandas a lo largo de una novela de 800 páginas que, de otro modo, habría corrido el riesgo de agotar incluso al más entregado.
El tándem, un clásico. Mientras se van sucediendo los crímenes y los personajes se van retorciendo sobre sí mismos, en algunos casos, y redimiéndose, en otros, crece entre la inspectora y el criminólogo la inevitable tensión sexual que alimenta toda trama dramatizada. Es un tándem clásico en todas y cada una de las series de televisión y “thrillers” de éxito que también funciona, cómo no, en los “Crímenes exquisitos” de Vicente Garrido y Nieves Abarca. Eso sí, quizás pequen ambos de excesivos en los clichés que representan algunos personajes y existan algunas distorsiones en la dinámica de la investigación policial, pero, como recuerda el propio Garrido, “la verosimilitud no es un fin en sí mismo, sino que está al servicio del argumento y la evolución de la trama”. 

Fuente   http://www.levante-emv.com/sucesos/2012/02/04/mal-esconderse-reducto-actividad-humana/878500.html

Comparto una entrada muy interesante:

Su nombre, Johanna; edad, 23 años; ocupación, estudiante universitaria y cajera de un mini súper; domicilio, Ciudad Juárez, Chihuahua. Asesinada el 1 de enero de 2008 alrededor de las cuatro de la madrugada en la colonia Eréndira. La conducta de su asesino, le delató.

La puerta estaba entreabierta, la chapa no fue forzada. En el interior de la vivienda, la escena del crimen: Johana muerta boca abajo, encorvada sobre el brazo izquierdo del sillón. Desnuda, con la cabeza ligeramente girada hacia la derecha. Una de sus extremidades colgaba como un péndulo atraído hacia el piso por fuerza de gravedad, mientras que su mano derecha dejaba ver una uña postiza rota. Su espalda arqueada era un mapa que mostraba, a la altura de la cintura, piquetes en los costados y pequeños cráteres dibujados por la presión sobre la piel de las yemas del asesino. El cuello, que sostenía una cabeza con cabellera ondulada y un rostro de finas facciones de mujer joven, tenía una profunda incisión con un arma blanca, que podía bien, ser un cuchillo de cocina o una afilada navaja que cortó en dos la arteria vital. La pantorrilla derecha ligeramente elevada del suelo, fue el lienzo donde se pintaron cuatro de los dedos de la mano derecha del criminal.

La sangre, parecía aún fresca y cubría todo aquello. El espacio entre la pequeña estancia y el comedor donde fue apuñalada. Sus ropas regadas una a una –como evocando el compás de los movimientos de victimario y víctima– sobre el piso de una vivienda de interés social; evidencia física del crimen. La pantaleta y el sostén; luego una chaqueta y falda de mezclilla; más allá, huellas de zapato y junto a la pared, un grueso coágulo de sangre, manchas y goteo: Johanna luchó por su vida. Forcejeó con su asesino, pero ya sin fuerzas y desangrada fue arrastrada hacia el sofá y violada casi sin vida. Cuando el criminal concluyó, le cubrió los glúteos con una sábana blanca y se fue.

Alfredo Velazco Cruz, psicólogo criminalista, llegó a la escena del crimen ese día acompañado de peritos de la Fiscalía de Servicios Periciales y Ciencias Forenses de Ciudad Juárez. Tomó cientos de fotografías que una a una armaron el rompecabezas de aquel asesinato.

La cocina, la estancia, los viejos sillones, la mesilla de centro, la mesa y sillas del comedor, la pequeña barra que separaba la cocineta, los sartenes, los cuchillos, la puerta, el pasillo y la evidencia que delataría al asesino.

A través del escudriño de la escena del crimen, perfiló al criminal. No por su ADN ni por la evidencia física. Fue la conducta la que le delató al momento de estudiar sus actos.

Tenía que ser alguien cercano, pues ingresó con facilidad a la casa: Johanna quizás fue quien abrió, después de regresar a las dos de la madrugada de la celebración de fin de año con tres mujeres y dos hombres, compañeros de trabajo, en completo estado de ebriedad.

El criminal carecía de conciencia forense y era novato; dejó evidencia por doquier y era alguien cercano. Sintió remordimiento y cubrió el cadáver con una sábana o incluso porque creía aquel cuerpo de su propiedad.

Era un hombre joven, vigoroso y con la fuerza suficiente para someter a Johanna sin problema. Alfredo Velazco dio con él. El asesino tomó nombre después de su análisis conductual. Días después, los resultados de la evidencia física corroboraron su dictamen.

El criminalista está hoy al frente de la primera Unidad de Análisis y Conducta Criminal de Latinoamérica.

Jack “El Destripador”, origen de la técnica

La técnica de análisis conductual para perfilar a un asesino es novedosa en México, pero en el mundo, tiene larga trayectoria.

La primera perfilación criminal la realizó en Inglaterra, en 1888, el médico Tomas Bond sobre el caso de  Jack “El Destripador”, el asesino serial que azoraba las calles del barrio de Whitechapel, en Londres.

Autor de cinco sangrientas y famosas muertes de mujeres prostitutas de esa ciudad, el criminal dejó evidencia conductual que lo delató como un posible único asesino para los crímenes, según el médico al momento de analizar su modus operandi.

En una carta, citada en numerosos documentos sobre el análisis de la quinta víctima Mary Jane Kelly –la más mutilada de todas–, Bond no sólo se limitó a realizar un dictamen post mortem de cada una de las heridas que presentaba la mujer, sino que fue más allá al dar opiniones sobre la posible identidad del criminal al describirlo como un tipo de apariencia inofensiva, respetable y de mediana edad.

El investigador Robert D. Keppelt, en el documento Jack the Ripper Murders: A Modus Operandiand Signature Analysis of the 1888–1891 Whitechapel Murders, profundizó en la investigación sobre el perfil criminal de este asesino serial y concluyó que su firma giraba alrededor de la violencia sexual, que incluían control de la víctima y piquerismo progresivo para obtener mayor placer a través de apuñalar, cortar y rebanar.

Para Alfredo Velazco estos estudios no son ajenos, pues él en Ciudad Juárez está especializado en casos donde la violencia sexual es parte del modus operandi.

En Estados Unidos, en 1978, con los análisis posteriores del caso de Jack “El Destripador”, es donde inicia formalmente esta técnica indica Velazco Cruz y en el Federal Bureau of Investigation (FBI) se creó la primera unidad de investigación basada en el análisis de la conducta para realizar perfiles criminales.

En México existen sólo cuatro perfiladores criminales que se basan en esta técnica: dos en Guadalajara, Jalisco; uno en Monterrey y uno más en Ciudad Juárez.

Perfilación a la mexicana

De acuerdo con el criminalista Alfredo Velazco, en el país existen dos métodos para realizar perfiles criminales.

Uno de ellos es el más socorrido y tradicional, donde existen alrededor de 200 perfiladores en todo el país que basan su investigación en la evaluación de la personalidad cuando hay sospechosos detenidos.

La segunda es la perfilación  en la escena del crimen, a través de la cual se establece una personalidad a partir de la conducta del victimario. Esta técnica sólo es practicada por cuatro especialistas en el país.

En Guadalajara, Jalisco se encuentran los perfiladores Francisco Gutiérrez y Alfredo Rodríguez; en Monterrey, Guadalupe Castillo y en Ciudad Juárez, Alfredo Velazco Cruz.

Sin embargo, es en Ciudad Juárez donde existe una unidad que intenta reproducir el modelo que se utiliza en Estados Unidos.

Lamentablemente, comenta Alfredo Velazco, con escasos recursos humanos y económicos, esa división sólo la integran prácticamente él como impulsor apoyándose en investigadores de otras áreas de la fiscalía.

“Para una unidad es este tipo se requieren tres o cuatro perfiladores, psicólogos, médicos y criminalistas. En Estados Unidos la integran al menos unas 10 personas”, subraya.

En el país anglosajón y en Europa, este tipo de investigadores llevan un caso de principio a fin; es decir, desde el análisis de la escena del crimen, la investigación posterior hasta llegar a la aprehensión del culpable.

“Por ejemplo, en Estados Unidos, en algunos casos, en un promedio de 10 días sale la orden de aprehensión”, indica.

En México, los resultados son contrastantes, pues los esfuerzos del análisis de la escena del crimen se pierden durante el transcurso de la investigación por burocracia, falta de especialistas y de recursos.

El asesino de Johanna

Sólo fue necesario el análisis de su conducta para delatarse. Alfredo Velazco, después de revisar cada fotografía y la evidencia física que había alrededor de Johanna, tuvo a un principal sospechoso: el reciente ex novio.

Un hombre joven, de 27 años, con educación básica (nivel secundaria), fue la pareja sentimental de la joven por unos meses. Al término de la revisión de evidencia se concluyó que fue él quien ingresó a la vivienda y la asesinó aquella madrugada, mes y medio después del rompimiento de la relación.

El principio de proximidad, que estadísticamente indica que 83% es un conocido de la víctima y 60% un familiar, fue uno de los recursos que Alfredo utilizó. La puerta no fue forzada, quizás Johanna abrió o éste entró y esperó en el interior de la vivienda a su llegada.

Después la acción de los glúteos del cadáver cubiertos con una sábana indicó que el criminal tenía un lazo sentimental con su víctima, incluso que se creía su propietario y delató rasgos de celotipia (celos compulsivos, que se definen como aquellos celos que pueden llegar a causar problemas psicóticos y delirios).

La ex pareja de Johanna apareció en el rompecabezas del asesinato…

El perfilador lo supo sólo unos días después del crimen, pero la orden de aprehensión en contra del asesino se giró un par de años más tarde.

Esto se debe principalmente, dice Alfredo Velazco, a la falta de continuidad en la investigación y de recursos humanos, que hacen lento el proceso.

Según Juan Martín Hernández López, criminalista de Consultores Profesionales Forenses de México SC (CoFORENSE), en México las procuradurías de justicia invierten alrededor de 2% de sus presupuestos en la formación de sus investigadores, el resto se emplea en pago de salarios y gastos administrativos.

“Detecto tres debilidades: primero, escasa oferta académica; segundo, a investigadores que hacen investigaciones o se dedican hacer estudios especializados no se les da el reconocimiento y, la tercera, es la falta de interés de la instituciones tanto educativas como gubernamentales. El recurso siempre lo escatiman, con el poco sueldo que gana el especialista tiene que pagar su capacitación”.

Hernández López agrega que en algunos casos, las procuradurías ofrecen cursos a su personal, pero son de baja calidad, y los aplican sólo por requisito.

Dice que existe inadecuada selección de especialistas: “No hay nuevas plazas y las que se abren, se dan al recomendado, al amigo”.

Además, los investigadores tienen salarios bajos –por ejemplo, de acuerdo un tabulador de 2007 publicado por la Procuraduría General de Justica (PGR) en su página web, un perito profesional del área Pericial percibe al mes 20 mil 391.21 pesos brutos, mientras que un perito técnico ejecutivo “B” y un perito técnico “C” gana 14 mil 246.15 pesos; en la Agencia Federal de Investigación, un investigador “A” cobra 22 mil 030.36 pesos; uno “B”, 18 mil 572.32 y uno “C” 14 mil 422.70 pesos– y hacen más de una encomienda a la vez, dice el criminalista.

“Un perito, por ejemplo, tiene que laborar como fotógrafo forense, dactiloscopista, perfilador criminal; un sólo perito hace cuatro labores”.

El criminalista detalla que en algunos casos se dejan áreas sin estudiar, lo que lleva a que algunas averiguaciones previas no se resuelvan.

Si a este panorama se le agrega la necesidad de contar con más perfiladores de la escena del crimen en México, que conozcan la mente de un criminal mexicano, la situación se vuelve más compleja.

Perfiladores para asesinos mexicanos

La estadística para Estados Unidos, Inglaterra o México sobre asesinos es la misma, explica Alfredo Velazco.

Asesinos seriales, por ejemplo, los hay en los tres países: las muertas del Cerro de Cristo Negro, en Ciudad Juárez, ejecutadas con un mismo modus operandi entre 2002 y 2008 (asesino del que, por cierto, se desconoce su identidad); en Estados Unidos, Ted Bundy, quien asesinó a más de 30 jovencitas entre 1974-1975, y en Inglaterra en 2005, Peter Bryan, caníbal serial de varias personas desde 1994.

Los números son fríos: en cualquier parte del mundo se considera serial a quien mata de tres a cinco personas en adelante.

“Estadísticamente, 93% de los asesinos en serie son hombres, 85% mata mujeres y 15% a homosexuales. Sólo 7% son asesinas y 6% de éstas mata a personas que conoce o de su entorno familiar”, detalla Alfredo Velazco.

El criminalista añade que una de cada 100 personas padece un trastorno psicopático, aunque no todas lleguen al asesinato.

Y aunque la estadística es similar para todo el mundo, lo que cambia por región es la conducta y el modus operandi del victimario.

En el caso de México, las circunstancias que envuelven a un criminal son distintas a un estadounidense.

“En este país el agresor sexual, el homicida serial, debe ser una persona que carece de códigos morales y que lo más seguro es que haya sido criado dentro de una dualidad de la moralidad; es decir, con una madre muy apegada a lo religioso y con un padre ausente, autoritario, machista y libertino que le genera conflicto”, detalla el criminalista.

Entonces, el mexicano busca agredir y someter a su víctima, porque así le indican las enseñanzas paternas, pero luego suele sentir culpa por la moralidad inculcada por la madre.

La educación y la crianza que envuelven a un asesino estadounidense son totalmente distintas; padres separados, en su mayoría, o padre ausente.

Éste es el principal motivo por el cual es necesario desarrollar la técnica del análisis de la conducta en la escena del crimen en México y apoyar los esfuerzos que ya se realizan, concluye.

¡Cuidado!: asesino suelto

Aún era de madrugada cuando el ex novio de Johanna luego de asesinarla, violarla y cubrir su cadáver con una sábana blanca, se marchó de la casa.

Se llevó el arma punzocortante con la cual la atacó y dejó a la joven de 23 años, quien horas antes había celebrado el Año Nuevo 2008 con sus amigos, en una escena sangrienta, lo que a tres años de distancia está impune.

Sí, apenas en 2010, dos años después del hecho, se giró la orden de aprehensión en su contra, pero el asesino huyó. Está prófugo. Se sabe que a la fecha, se muda de domicilio constantemente por toda la República Mexicana para evitar su detención.
Fuente:  http://www.sinembargo.mx/23-11-2011/79191 

Por: Investigaciones especiales

Los licenciados en Psicología Alejandro Osorio y Gabriela Trabazzo, disertaron ayer en el marco del ‘Segundo Encuentro de Delitos Complejos y Análisis del Comportamiento Criminal’. Ambos integrantes de la Superintendencia de Delitos Complejos y Crimen Organizado de la provincia de Buenos Aires, llevan a cabo junto a un equipo interdisciplinario un novedoso abordaje de las causas judiciales, consistente “en incluir a la víctima en el propio proceso judicial, en el proceso de investigación, protagonista de su propio proceso”, según explicaron los expertos.

Santa Rosa – Trabazzo es Licenciada en Psicología en el Departamento de Ciencias del Comportamiento y Delitos Complejos del Ministerio de Seguridad y Justicia de la provincia de Buenos Aires. Integra junto a Alejandro Osorio, un equipo de nueve psicólogos que trabaja en la “contención y orientación familiar en casos de crímenes y desapariciones y en el estudio de perfiles criminales”, este ultimo motivo de la disertación que brindaron en el marco del encuentro en la UNLPam.

Actualmente está dedicada a atender secuestros extorsivos, desapariciones y homicidios que tengan alguna particularidad “como la violencia inusitada o hechos que por el número saquen a la policía, al grupo operativo, de la habitualidad”. Está capacitada en toma de rehenes con negociador, por expertos del FBI y en perfiles criminales por el doctor Vicente Garrido, pionero en criminalidad serial.

Osorio también es psicólogo, jefe del Departamento de Ciencias del Comportamiento de la policía de Buenos Aires que pertenece a la Superintendencia de Delitos Complejos y Crimen Organizado. Terapeuta clínico y docente con formación en criminología, ex integrante del equipo de negociación en crisis del grupo Halcón, además del Departamento de Orientación y Asistencia de víctimas de secuestros.

Contención de la víctima

“Tenemos un aspecto victimológico y otro criminológico que nuestro departamento abarca. No hacemos asistencia, sino una orientación y contención de la víctima. Tenemos una premisa que es que la víctima, si quedó viva (activa) o su entorno familiar (víctima pasiva), trabaja y colabora con la investigación, porque nadie sabe más del crimen -aunque cueste creerlo- que la víctima en si o su entorno familiar. Creemos que la víctima tiene que estar contenida, pero trabajando en la investigación”, especificó la psicóloga.

Osorio por su parte, añadió que lo novedoso de este abordaje es “incluir a la víctima en el propio proceso judicial”, aunque -aclaró- no trabajan “como una Oficina de Asistencia a la Víctima, sino que la incluimos al proceso de investigación, la hacemos parte, protagonista de su propio proceso”.

Dijo que anteriormente “esta inclusión no se contemplaba y con la modernización de las metodologías de investigación, se apunta hacia ahí, hacia que la víctima sea la protagonista principal del proceso delictivo, que era la que muchos años atrás era primera en quedar afuera”.

La gran olvidada, la víctima

Trabazzo recordó que el grupo interdisciplinario surgió “en una primera inclusión con el equipo de negociación en crisis con toma de rehenes, trabajando con negociadores policiales y en el cual seguimos participando. A partir de ahí empieza a trabajar el equipo en perfilaciones criminales, en el marco de una mirada que pone protagonista a la víctima, la gran olvidada histórica, porque todo el dispositivo policial o criminológico después del delito salía atrás del victimario”.

El licenciado Osorio dejó en claro su rol de psicólogos que trabajan apoyando “la investigación criminal, como un grupo de apoyo a los detectives policiales”.

El caso Candela y el de Tomás

Ambos expertos participaron de la investigación de los crímenes de Candela Rodríguez, de 11 años, que apareció asesinada en agosto pasado en el partido bonaerense de Hurlingham y el de Tomás Santilli, de 9 años, cuyo cuerpo apareció dos días después de haber desaparecido en la ciudad bonaerense de Lincoln.

“En ambos casos se tuvo en cuenta la familia de los niños desaparecidos que es un delito muy particular y muy doloroso para todo el equipo policial, porque estamos hablando de niños, lo cual conmueve de una manera diferente a todos nosotros”, admitió Trabazzo.

Durante la investigación se procuró -aseguró ayer- “contener mucho a la familia, teniendo en cuenta cuando quedan otros niños, por eso hablamos de la víctima pasiva y la activa. En ambos casos, implementamos un dispositivo de contención para las familias y otro que colaboraba con la investigación del hecho. Trabajamos desdoblado”.

Osorio adjudicó el inicio del esclarecimiento del crimen de Candela a un “trabajo en equipo de muchas horas, de cientos y miles de personas que trabajaron en un equipo interinstitucional, también la justicia. Por eso el éxito de una investigación se puede observar cuando esto equipos se articulan y pueden funcionar aceitadamente”.

Más violencia

Osorio explicó a este diario su apreciación sobre el incremento de casos y delitos violentos cometidos contra niños y jóvenes, además de las mujeres. “Creemos que es una cierta cantidad de casos que coinciden en un momento. El caso de Candela como el de Tomas, fueron dos casos muy fuertes. No creo que hayan sido recogidos y potencializados por los medios. La muerte de esa manera perversa de dos niños, es siempre fuerte. No es una ola, sino fenómenos que coincidieron en un tiempo y que son para tener en cuenta, para observarse y para hacer un análisis más profundo a nivel social, respecto de lo que es la violencia y otras temáticas que no son tratados como deben, ni en los ámbitos que deberían tratarse”.

Por ultimo, el psicólogo instó a “poner en el tapete el tema de la violencia y como la abordamos desde lo micro a lo macro: la violencia en todos los ámbitos de la vida y que inclusive puede verse en las mismas rutas, una violencia que parte de la individualidad de cada uno”.

Trabazzo mencionó en este tramo de la entrevista que concedieron ambos especialistas a este diario, “que hubo un blanqueamiento de cifras respecto a un delito que acontecía desde hace años como la violencia de género y muchas veces los casos de muertes de niños, desapariciones o secuestros de niños no dejan de enmascarar otro crimen que hay atrás que es la violencia hacia una mama, hacia una mujer”.

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