El “Hannibal Lecter” argentino

Publicado: 24 agosto, 2013 en Casos reales, Psicología forense
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“Es el Hannibal Lecter argentino: terriblemente inteligente, pero con un sadismo implacable”. Así describió a Raúl Menocchio un funcionario judicial correntino, quien debió tratarlo en los últimos años cuando cayó preso por el crimen del productor televisivo Claudio Nozzi. En un reportaje realizado por Alfredo Zacarías, corresponsal de Clarín en Corrientes, este magistrado indicó que por las características obtenidas y por ciertos rasgos de la personalidad de este hombre flaco, alto, de muy buen hablar pero algo tartamudo cuando se pone nervioso, permiten sostener la comparación con el asesino serial de la película “El silencio de los inocentes”.

Raúl Menocchio (alias “El Gusano”, alias “El hombre de las mil caras”) ahora es el principal sospechoso de los salvajes asesinatos de Manuel Roseo y su cuñada Nélida Bartolomé, en la localidad chaqueña de Castelli. El viernes pasado en horas de la tarde fue llevado desde la Dirección de Delitos Complejos de la Policía de Corrientes hasta una dependencia policial de Resistencia, Chaco, en medio de un impresionante operativo de seguridad que incluyó la participación de fuerzas especiales de ambas provincias. “Sabemos de quién se trata, por eso tomamos tantas precauciones” aseguraron.

El “Gusano” fue detenido el último martes en un lujoso hotel boutique de Corrientes, donde se alojaba en la habitación más cara junto a su esposa, una mujer de buen pasar económico oriunda de Buenos Aires. Lo atraparon justo cuando llegaba al lugar a bordo de una camioneta Ford Ranger. Lo estaban esperando su esposa y el abogado que lo defiende en la causa Nozzi, Ernesto González, pero que no lo asistirá en el caso Roseo.

Menocchio dice que sólo es un empresario y que en esa condición conoció a Manuel Roseo: quería comprarle su estancia. Afirma que le pagó 40 millones de dólares por esa operación. El día que cerraron trato se sacaron una foto abrazados. Una semana más tarde, Roseo y su cuñada fueron torturados y asesinados.

No es fácil seguirle los pasos a Menocchio. Este hombre elegante y de gustos caros, supo ser la puerta de acceso a la alta sociedad misionera cuando, allá por los años ‘70, su padre era uno de los hombres más ricos de la Argentina. “El Niño Raúl” lo llamaban por aquella época, en la que abandonó Posadas para ir a estudiar a Resistencia, donde nunca estudió, pero si encontró novia.

Aun en contra de la voluntad de ambas familias, Menocchio se casó con una joven de familia adinerada con la que tuvo dos hijos. Su esposa, a desgano, lo acompañó en su regreso a Misiones y en su posterior traslado a Asunción del Paraguay, luego de la quiebra escandalosa de las empresas familiares. En la capital paraguaya, la joven dijo basta, cansada de los problemas y escándalos en los que se involucraba su marido.

Menocchio, ya separado, se instaló entonces en la exclusiva San Bernardino, a orillas del Lago Ipacaraí, donde –como dueño de una red de videocables en todo el Paraguay– compró yates, coches costosos y camionetas 4×4. Viajaba en un avión privado acompañado de varios guardaespaldas. Pero algo salió mal y volvió a quebrar.

En agosto de 2004, el comerciante formoseño Eduardo Maciel (56), dueño del pub Puerto Madero, y su novia Graciela Méndez (22) fueron hallados muertos en un arroyo ubicado en las afueras de Asunción. Menocchio fue acusado de los crímenes. ¿El supuesto móvil? Una maniobra de lavado de dinero.

En Asunción recuerdan hasta hoy las “fiestas” que el argentino organizaba con gran cantidad de bebidas alcohólicas, drogas y mujeres. A esos encuentros concurrían no sólo miembros de la alta sociedad paraguaya sino muchos integrantes de la farándula argentina, que eran invitados especialmente. La acusación por el doble crimen lo alejó de la región.

Algunos aseguran que “desapareció” para cambiar su rostro con cirugías plásticas y eludir así la acción de la Justicia. Durante ese impasse, fue visto en un pueblo de la frontera colombiano panameña participando de una reunión con un empresario argentino y, después, encarcelado en México por lavado de dinero del narcotráfico También fue presentado en un bar del DF de México a argentinos residentes en ese país. No ocultaba su nombre ni las peligrosas relaciones que mantenía.

Reapareció por estas tierras en 2005 y de la peor manera. Lo detuvieron por el crimen del productor televisivo Claudio Nozzi, quien fue asesinado en su yate de lujo y arrojado a las aguas del Paraná. Menocchio (bajo el nombre de Hugo Jara) iba a hacer un negocio millonario con la víctima.

Estuvo cuatro años preso y en 2009 salió en libertad, aunque sigue vinculado a la causa .

Tras ser liberado, retomó muchos de sus contactos en la región, al punto que un poderoso empresario misionero fue quien puso la caución para que quede libre. En esa provincia también se lo acusa de haber dado muerte a Juan Rotharmel, un empresario maderero de Eldorado.

“Violento, perverso, una mente brillante dedicada al mal”, así lo calificó ante Clarín un empresario y abogado misionero que lo trató.

Los crímenes de Maciel, Nozzi y Roseo tienen denominadores comunes. Con las tres víctimas, Menocchio se sacó fotos antes de que murieran. Los tres crímenes dejan en evidencia una saña brutal, el móvil parece ser el económico y tienen detrás una trama inteligentemente urdida. En los tres casos, finalmente, aparece el mismo sospechoso.

 

Fuente: http://www.contrapuntoya.com.ar/index.php/locales/policiales/1930-menocchio-es-el-hannibal-lecter-argentino

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