Uno de cada tres apresados es mujer. Santiago de Chile y las ciudades españolas de Madrid, Barcelona, Cádiz y Vigo son las que más connacionales tienen tras las rejas. Los reclusos reciben asistencia y contención de la Cancillería.
Están repartidos por los cinco continentes, acusados de homicidio, abuso sexual, robo, asociación ilícita, cohecho, hurto, estafa, lesiones y, más que ningún otro delito, narcotráfico.  Según los registros de la Cancillería a los que Tiempo Argentino tuvo acceso, de los 1050 argentinos detenidos en el exterior, 611 –o el 58,20%–  purgan condena por causas de drogas. La cifra se alimenta en gran medida de hombres y mujeres que transportan los estupefacientes bajo la modalidad de “mulas”. Sin embargo, también hay casos donde el cargamento adquiere dimensiones industriales, como el incautado el último 2 de enero en el aeropuerto El Prat de Barcelona por la Guardia Civil Española. Ese día, 944 kilos de cocaína de máxima pureza viajaron en la bodega del avión Challenger 604, matrícula N600AM, de la empresa Medical Jet, propiedad de los hermanos Juliá.

Además de los hijos del brigadier, otro compatriota, el copiloto Matías Miret, espera el comienzo del juicio confinado en una cárcel catalana.
Jésica Viola es abogada y trabaja en la Dirección de Argentinos en el Exterior. Su oficio la obliga a asistir a los connacionales en apuros y vigilar que gocen de los derechos acordados por los tratados internacionales y las leyes locales.
“El tema del tráfico –confía– es preocupante. Casi todos los días nos notifican de uno o dos detenidos, principalmente, en Europa, y esas son las  causas más graves porque son un delito federal. Más que un homicidio, porque en los casos de drogas la víctima es toda la sociedad.”
Santiago de Chile es la ciudad en el mundo con más argentinos detrás de las rejas, seguida de cerca por Madrid, Barcelona, Vigo y Cádiz, todas de España. Pero también existen compatriotas presos por tráfico en destinos más exóticos como Sudáfrica, Marruecos y Malasia.
“No tenemos mayores problemas con esos países porque, al contrario de lo que se piensa, son muy rápidos en las sentencias y te dan la oportunidad de la apelación”, explica Viola.
Lo difícil del asunto, en cambio, lo aportan los propios reclusos. “Muchos de los detenidos por drogas –detalla la abogada– se niegan a la intervención del cónsul, incluso, no quieren que se les informe de la situación a sus familias y nosotros siempre respetamos esa voluntad”, dice.
Para conocer la real envergadura de los reos hay que prestar atención a la defensa. Mientras una “mula” deberá acudir a un abogado de oficio por no contar con los fondos suficientes para costear uno privado, los “capos” o eslabones más altos en la cadena de jerarquía disponen de todo un buffet a su servicio, contratado por la propia organización criminal.
A lo largo de su historia, el tráfico fue un oficio que empleaba hombres, sin embargo, en los últimos años hubo un incremento considerable en la participación femenina.
“Antes la proporción era diez a uno, pero hoy por cada tres hombres detenidos, hay una mujer –explica un vocero–. Y no son sólo jóvenes, como fueron los casos de las modelos (María Belén Téllez y Jessica Almada, detenidas en Barcelona y luego absueltas), sino también cae gente adulta, incluso, hubo casos de varias jubiladas que, algunas de ellas, transportaban la droga sin saberlo. Lo clásico en esas situaciones es que alguien en el aeropuerto les pida que le lleven un paquete a un familiar, que casualmente vive en la misma ciudad a las que ellas viajan.”

CÁRCELES Y CONTENCIÓN. La fría letra de su contrato de trabajo dice que es el representante legítimo de los argentinos y sus intereses en el extranjero. Pero el hombre sabe que de él se espera mucho más que el cumplimiento estricto de sus funciones. Para los compatriotas que desesperan lejos de casa, la suya es la única voz familiar que oirán.
“Nosotros –subraya Héctor Dellepiane, director general de Asuntos Consulares– seguimos los casos desde que los arrestan hasta que recuperan la libertad. En el aspecto formal, lo que hacemos es aportar los antecedentes y referencias laborales, si las tuviera, de los detenidos en la Argentina, más todo lo que pueda ser beneficioso para él. Pero sin dudas lo más importante es el costado humanitario de nuestro trabajo. La contención al preso es esencial para que no se deprima ni se venga abajo.”
Dellepiane cuenta que ya es tradición que a fin de año los cónsules de todo el mundo lleven a las penitenciarías que se lo permitan regalos y pan dulce. También es común que se encarguen de reponer artículos de limpieza, como cloro, jabón, shampoo, desodorante o lavandina, para higienizar los cuerpos y las celdas, y remedios para los que padecen alguna enfermedad (la única regla es que a todos se les de la misma ración).
“En el otro extremo están los detenidos que creen que las visitas son para sacarles datos o información, en vez de ser para ayudarlos. Muchos no conocen el papel del cónsul y les da miedo hablar con nosotros”, confía el funcionario.
La Cancillería además se encarga de prestar servicio asistencial a los familiares de los reclusos. Se les informa donde están alojados, y qué deben hacer para enviarles ropa o llamarlos por teléfono.
No sorprende que las desigualdades entre el primer y tercer mundo se repliquen en sus penitenciarías. Sin embargo, algunos casos llaman la atención, como el del argentino preso en Austria que una vez cumplida la condena, pidió a las autoridades que le permitan quedarse en el penal porque se sentía muy cómodo. “Esto parece un spa”, justificó.
“En Europa, los presos están muy bien. En París, por ejemplo, trabajan y les pagan; el 25%  se lo dan en mano y el resto se lo depositan en una caja de ahorro, para que el recluso disponga de ese dinero para rehacer su vida”, detalla Alejandro Lamarque, de la Dirección de Argentinos en el Exterior.
En la mayoría de los países subdesarrollados, por el contrario, no existen comodidades de ningún tipo, por lo que el consulado debe proveerles a los detenidos desde cepillos de dientes  y materiales de lectura hasta algo de dinero para, por lo menos, pagar el agua caliente para el mate.
Un detalle a destacar es que la Cancillería no registra denuncias por torturas o malos tratos porque, según Dellepiane, la presencia del cónsul “ayuda mucho”. “Significa que hay un estado interesado en la persona”, agrega.

DEPORTADOS. Por lo general, y dependiendo de la gravedad del caso, la libertad de un reo incluye su deportación, es decir, la expulsión del Estado donde cometió el delito y el viaje sin escalas al país de origen. Lo que se intenta desde Cancillería, es la firma de tratados con otras naciones para que la repatriación no se concrete recién al final de la sentencia. “Estamos negociando para que una vez cumplida la mitad de la condena, el preso pueda terminarla en su país. Hasta el momento tenemos un acuerdo con Chile, que está funcionando muy bien y esperamos firmar pronto con Colombia, Uruguay y EE UU”, explica Dellepiane, y enseguida revela el sentido último de su misión.
“La satisfacción más grande –concluye– es cuando un detenido regresa al país como una persona libre. Que sea un deportado, la verdad que no me importa.”

Fuente:http://tiempo.elargentino.com/notas/60-de-los-argentinos-detenidos-mundo-cayo-narcotrafico

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