APROXIMACIÓN A LA INTERVENCIÓN PSICOLÓGICA DEL SECUESTRADO Y SU FAMILIA EN EL POST CAUTIVERIO

Publicado: 29 abril, 2011 en Psicología forense, Psicología jurídica
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Nubia Stella León Romero

Eddy Liliana Tovar Murillo

Universidad Cooperativa

de Colombia


Este articulo presenta una aproximación a la intervención psicológica del secuestrado y su familia en el postcautiverio, para ello se realizó una revisión teórica que inició con una aproximación histórica del secuestro en Colombia tomando como base las primeros casos reportados en el país e investigaciones cuantitativas que develaron los índices de secuestro en las últimas décadas. Así mismo se realizó una aproximación conceptual desde diferentes posturas. Posteriormente se realizó la caracterización del secuestro y sus posibles consecuencias tanto en la victima como en su familia, teniendo en cuenta todos estos aspectos, se una aproximación a la intervención psicológica que puede ser llevada a cabo desde las diferentes áreas de la psicología que han aportado en la prevención y rehabilitación de las victimas directas e indirectas de este delito.

Palabras claves: secuestro, intervención, postcautiverio, familia, secuestrado. This articulates it presents an approach to the psychological intervention of the one kidnapped and their family in the postcautiverio, for he/she was carried out it a theoretical revision that began with a historical approach of the kidnapping in Colombia taking like base the first cases reported in the country and quantitative investigations that develaron the kidnapping indexes in the last decades. Likewise he/she was carried out a conceptual approach from different postures. Later on he/she was carried out the characterization of the kidnapping and their possible consequences so much in it kills her as in their family, keeping in mind all these aspects, you an approach to the psychological intervention that can be carried out from the different areas of the psychology that have contributed in the prevention and rehabilitation of you kill them direct and indirect of this crime. Key words: I kidnap, intervention, postcautiverio, family, kidnapped.

 INTRODUCCIÓN El secuestro, sus connotaciones e implicaciones han sido objeto de intervención desde diferentes áreas del conocimiento , todos han arrojado datos relevantes relacionados básicamente con los estilos de enfrentamiento familiar y personal con los que se cuentan antes, durante y después del cautiverio , los cuales se encuentran influenciados directa o indirectamente por factores predisponentes, biológicos , psicológicos y relacionales. El estudio de secuestro surge como producto de la necesidad de conocer que aspectos se movilizan a nivel social, familiar y de relaciones interpersonales.

 El estado se empieza a interesar por este delito en la década de 1991, cuando aparece un incremento de los índices de secuestro, los cuales han sufrido variaciones en términos cuantitativos y cualitativos. A partir de los datos arrojados se diseñan estrategias de intervención desde lo jurídico, social, psicológico, y clínico que tiene como fin reestablecer el equilibrio emocional, social y económico.

 APROXIMACIÓN CONCEPTUAL E HISTÓRICA

 Para hablar de secuestro es necesario realizar una aproximación al concepto y al contexto colombiano. Etimológicamente, proviene del vocablo latino sequestrare que significa encerrar a una persona ilegalmente; también, en un primer momento fue denominado plagio, termino relacionado con red de pescar (Jiménez, J., 2001).

 Para el Ministerio de Justicia y del Derecho (2003), Titulo II Delitos Contra la Libertad Individual y Otras Garantías, Articulo 169 del Capitulo segundo, define el secuestro como:

 “El que arrebate, sustraiga, retenga u oculte una persona, con el propósito de exigir por su libertad un provecho o cualquier utilidad, o para que se haga u omita algo, o con fines publicitarios o de carácter político.”

 Desde la definición jurídica implica la violación de derechos fundamentales establecidos en la Constitución Política de Colombia, los cuales, se refieren en el Titulo II de los derechos, las garantías y los deberes, Capitulo primero: Articulo 11, Articulo 12, Articulo 13, Articulo 15, Articulo 16, Articulo 20, Articulo 21 y Articulo 28 (Barreto, 2000).

 El concepto jurídico define al secuestro como una conducta punible, no solo por el daño al bien jurídico sino porque implica el incumplimiento de normas y leyes preestablecidas. Sin embargo, no se evidencia la inclusión de factores psicológicos personales y sociales que se afectan ante la exposición de esta clase de actos.

 De esta manera, desde el punto de vista psicológico el secuestro es entendido como una perdida ambigua a nivel relacional, debido a que se produce una confusión de la existencia de la persona ausente porque existe una perdida incompleta e incierta (Molina, Agudelo, De los Ríos, Builes, Ospina, Arroyave, López, Vásquez y Navia, 2003).

 Existe una definición desde el punto de vista psicosocial, la cual, considera que los efectos producidos por el secuestro entendido este, como un recurso para impedir el apoyo de un enemigo a través de la represión aterrorizante y/o manipuladora, desencadena inseguridad en el ambiente social y traumas de tipo social o daño a la comunidad, psicológico como experiencias traumáticas que generan tensiones y psicosocial, que depende de la vivencia, posición y participación social (Díaz, 1998).

Las definiciones planteadas anteriormente proporcionan un marco conceptual que permite la comprensión del secuestro a nivel general, sin embargo, es necesario realizar una aproximación histórica en el contexto colombiano. En el siglo XIV se presenta el primer caso de secuestro llevado a cabo por Gonzalo Jiménez de Quesada, la finalidad del mismo era de carácter extorsivo debido a que solicitó a cambio de la libertad del Zaque de Quemuenchatocha oro y esmeraldas y una vez entregados este fue torturado y asesinado. Posteriormente se reporta en la década de los 30 una nueva situación de secuestro extorsivo, a partir de este momento se ha presentado una agudización del secuestro, el cual, a partir de los años 50 y 60 fueron ejecutados por movimiento guerrilleros, los cuales, se mantienen en la actualidad (Jiménez, 2001).

 Sólo hasta la década de los 90, el Estado Colombiano empieza a poner atención a la situación del secuestro debido al incremento de los casos en el país, da lugar en 1996 a la creación de País Libre y el Fondo Nacional para la Defensa de Libertad Personal, Fondelibetad. Estas dos organizaciones han realizado múltiples investigaciones sobre el secuestro, sus consecuencias, estadísticas, asesorias y programas de prevención. En un estudio estadístico llevado a cabo en 2001 fue posible concluir que entre 1996 – 2001 se han presentado aproximadamente 995 casos de secuestro de modalidad extorsiva, de los cuales, el 80% de los secuestrados han sido hombres, y un 91% son adultos mayores de 18 años. Así mismo, se evidencia un incremento de las tasas de secuestro en un 29% (Centro de victimología y criminología, 2001).

 Las estadísticas de los casos de secuestro entre el año 2003 y el 2004 indican que en el 2003 se produjeron 1244 casos y en el 2004 un total de 1003 casos, es decir, que se presento una reducción del 38.34%. De estos, 499 en el año 2003 y 481 en el 2004 están clasificados en secuestro simple, 110 casos en el 2003 y 62 casos en el 2004 de secuestro de menores y 17 casos en el 2003 y uno en el 2004 de secuestro a extranjeros. Los datos restantes hacen referencia a casos de secuestro extorsivo (Quiroga, 2004).

 Teniendo en cuenta los índices de secuestro en Colombia y la evolución histórica del mismo, el Estado Colombiano ha diseñado una serie de políticas estatales y gubernamentales, como un medio para contrarrestar los efectos físicos, psicológicos, sociales y económicos de esta conducta punible, dichas políticas se reúnen dentro de la Ley Antisecuestro, la cual inicia con el Decreto 1680 desde 1991 pero es sancionada con la Ley 40 de 1993.

 Dentro de las políticas de antisecuestro diseñadas e implementadas es posible referir: el acto legislativo contra la extorsión, es decir, congelación de activos de las familias de los secuestrados para evitar el pago de rescate, venta de pólizas de seguros contra secuestro, sin embargo, en la actualidad no se mantiene ninguna de esta políticas debido que se pone en riesgo la persona en cautiverio ( Christi, 2002).

 CARACTERÍSTICAS Y CONSECUENCIAS DEL SECUESTRO

Anteriormente se había definido el secuestro desde diferentes conceptos: el jurídico que implica una violación de normas y leyes, el psicológico con implicaciones en los procesos emocionales, de pensamiento, comportamentales y de relaciones interpersonales y el concepto psicosocial, relacionado con el mantenimiento del poder, a través, de acciones de sometimiento. Desde donde se conciba el secuestro, este tiene implicaciones y consecuencias para la persona que se encuentra en cautiverio y para su familia, los efectos que se generan aparecen en el mismo y persisten con intensidad una vez se ha terminado (Erazo, 2001).

 La situación de secuestro genera diversas reacciones, tanto, en la persona privada de la libertad como en su sistema familiar, sin embargo, existen manifestaciones, factores asociados y fases que se aplican a los dos sistemas. En cuanto a las reacciones se presentan cuadros emocionales particulares a nivel: emocional evidenciados en angustia, preocupación recurrente, sensación de impotencia y utilización del llanto y la tristeza como un medio para exteriorizar los sentimientos experimentados. De la misma manera, se presentan síntomas conductuales como reacciones heteroagresivas, hipervigilancia, síntomas psicosomáticos, aislamiento social y temor al contacto. Estas manifestaciones conductuales afectan el nivel interpersonal debido a la presencia de un deterioro de las relaciones por desconfianza, la consecuencia directa es el incremento del aislamiento, la soledad y la frustración. Se presentan sintomatología física y cognitiva, dentro de las cuales se encuentran trastornos del sueño, la alimentación y agotamiento físico, trastornos de la atención, concentración y memoria, respectivamente (Fondelibertad, 2002).

 Los efectos presentados por las victimas directas e indirectas en el secuestro, dependen de la existencia y correlación de factores externos e internos asociados a las características propias del secuestro, es decir, tiempo de cautiverio, condiciones alimentarias, sanitarias y emocionales, como recursos psicológicos, presencia de situaciones traumáticas, rol desempeñado y redes de apoyo afectivo y social. La experimentación de dichas consecuencias y la presencia de factores predisponentes se evidencian en las etapas de afrontamiento del evento.

 De esta manera, en la primera fase se manifiestan temores, ansiedad, irritabilidad y sentimientos de impotencia, dichas manifestaciones son llevadas a la segunda fase en donde se genera una desorganización critica, es decir, fallo en las estrategias de afrontamiento y resolución de conflictos. Cuando la familia y el secuestrado logran resolver los problemas emocionales se produce la resolución dando paso a la tercera etapa en donde, se toman decisiones para salir de la crisis generando nuevos recursos personales para enfrentar el acontecimiento (González, 2001).

 Cautiverio El primer momento asociado al secuestro, conocido como rapto genera una serie de reacciones en el plagiado y en la familia, inicialmente aparecen temores y ansiedad porque no se encuentra explicación para lo que esta sucediendo. El secuestrado a lo largo de su cautiverio desarrolla una serie de estrategias para enfrentar dicha situación dentro de las cuales se encuentra el recuerdo de experiencias vividas antes como un medio para mantener el control sobre sí mismo y sobre el entorno, sin embargo esto se ve afectado por las alteraciones en los procesos de pensamiento relacionados con el ordenamiento de ideas y la selección de respuestas (Centro de victimología y criminología, 2001) y las técnicas implementadas por los plagiarios como el uso del lenguaje, mentiras, engaños y silencios, castigos arbitrarios, ser testigo de atrocidades, pérdida de privacidad y espacio vital y cosificación (Centro de Atención a familias, 2003).

 Del mismo modo, la familia del secuestrado empieza a experimentar una serie de sintomatología asociada a las diferentes perdidas que conlleva la privación de la libertad, dentro de las cuales se encuentra disminución de ingresos familiares, sentimiento de perdida de autocontrol, de la seguridad en sí mismo, de los demás y de la comunidad, además, un incremento de la dependencia de personas o instituciones como estrategia de afrontamiento. La combinación de estos factores genera disminución del apoyo social por un incremento del aislamiento y la soledad (Murano, 2001). En cuanto a estructura familiar, se evidencia cambio de roles para ajustarse a la ausencia del secuestrado y permitir la evolución y el equilibrio del sistema en funcionalidad. La escogencia de roles no se da de común acuerdo entre los miembros de la familia, lo que genera conflictos entre estos. Con el tiempo el único rol que persiste es el del encargado de manejar el patrimonio familiar y reemplazar al secuestrado en sus funciones. Este miembro, al mantener una relación sobreinvolucrada con el subsistema parental, permite el establecimiento de un equilibrio funcional dentro del sistema (Torres y Uribe, 1998).

 Las modificaciones presentadas por el sistema familiar en cuanto a estructura y funcionamiento dependen de la etapa de afrontamiento de la situación en la que se encuentran. Ante este planteamiento Esguerra, Gómez y Buitrago (2003) , plantearon la existencia de cinco etapas que suelen ser experimentadas por la familia : a. Caos: aparecen interrogantes relacionado con la noticia, los cuales se encuentran acompañados de negación recurrente de la misma; b. Hermetismo : las características básicas son la espera, el silencio y la sospecha, las cuales generan tristeza, irritabilidad y sensación de impotencia; c. Dureza: se produce un detenimiento en el tiempo, acompañado de una aparente adaptación ,sin embargo, la familia experimenta fuertes tensiones emocionales, ambivalencia e incremento de la idea de regreso del secuestrado; d. Pacto: se produce la movilización de recursos que implica la presencia de tensiones emocionales por la supervivencia del secuestrado, esto se genera debido a la inminencia del desenlace de esta situación y e. Desenlace: indica la finalización del secuestro y el reencuentro con la familia. Durante esas etapas a parte de las reacciones emocionales propias de cada una la familia experimenta diversidad de sentimientos, dentro de los cuales se encuentran la impotencia, represión, temor y angustia (Centro de estudios en criminología y victimología, 2003).

 Post cautiverio

 Este nuevo proceso inicia con la quinta fase del duelo relacionado con el desenlace, la cual implica la terminación del cautiverio y el reintegro del exsecuestrado a la realidad. Al igual que el cautiverio, la liberación y el retorno al sistema familiar sugieren la aparición de una serie de síntomas que son recurrentes y pueden llegar a generar efectos negativos, los cuales pueden conducen finalmente a la ruptura de los vínculos familiares y sociales.

 Generalmente los las personas que han sido victimas del secuestro presentan el “síndrome del sobreviviente”, el cual, se caracteriza por la aparición de dolores de cabeza frecuentes, pesadillas recurrentes y estados de tristeza. Sin embargo, hay que tener en cuenta que muchas de las personas que presentan este síndrome, también lo presentaban antes del secuestro, por tanto, el secuestro no fue el origen de este, se puede decir que es mas bien un potenciador de estos síntomas.

 Después de la liberación los sujetos presentan euforia y deseos intensos de vivir lo que no pudo durante la fase del secuestro, luego de estos síntomas se presenta una fase de negación de la realidad donde el individuo hace a un lado todas las situaciones de dificultad durante el cautiverio, es decir, que durante este periodo no se va a presentar las huellas que deja el secuestro, estas se evidencian cuando la persona se adapta de nuevo a su medio y empieza a enfrentarse con la vida que dejó, disminuyendo así la euforia. Después aparece el temor de volver a ser secuestrado y tener que convivir en condiciones de cautiverio, este temor va desapareciendo a medida que va pasando el tiempo (Meluk, 1998).

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