Las víctimas sufren secuelas que no siempre se perciben, pero las pueden condicionar para seguir con una vida normal

Los accidentes de tránsito provocan a veces secuelas que no se ven a simple vista. Y esto no significa que no sean realmente graves. Estas secuelas dejan a los participantes de estos choques, atropellos y demás en, algunos casos, inhabilitados para poder seguir teniendo una vida normal, inclusive para trabajar y para relacionarse normalmente con su familia y su entorno social.

“En cualquier accidente de tránsito, por pequeño que sea, lo que siempre aparece en los protagonistas es el temor de que esto vuelva a suceder” explicó María Cristina Isoba, psicóloga clínica y educacional, directora el Area de Investigación y Educación Vial de la Asociación Civil Luchemos por la Vida. “En el mejor de los casos trae aparejado que el afectado preste mayor atención y esté mas alerta frente a estas situaciones, aunque cada uno de los síntomas que presente siempre tienen que ver con el estado emocional previo que tenía esta persona” agregó.

Un estudio realizado por la Federación Europea de Víctimas de Accidentes de Tránsito -publicado en la Argentina por la Asociación Civil Luchemos por la Vida- sobre diez mil accidentados encuestados, dio por resultado que en la gran mayoría las secuelas psicológicas pueden ser sorprendentemente variadas: problemas para dormir, dolores de cabeza, pesadillas angustiantes, stress, falta de interés, pérdida de confianza en sí mismo, ataques de ansiedad, depresión, fobias, trastornos alimenticios, ira, resentimiento y sentimientos suicidas.

El mismo estudio indica que luego de muchos años de ocurrido el accidente, el 25 por ciento de las víctimas se ve a sí mismo como suicida potencial.

“Cuando el accidente deja secuelas físicas importantes las consecuencias psicológicas también lo son, sobre todo cuando éstas alteran la cotidianeidad a lo largo del tiempo y provocan una incapacidad física que se traduce, por ejemplo, en una incapacidad laboral o para atender a su familia” puntualizó la licenciada Isoba.

Algunas de las fobias que derivan del impacto que provoca estos accidentes genera muchas veces la imposibilidad de poder volver a subir a un automóvil o viajar en transportes públicos, llegando en los casos extremos a no querer salir a la calle. Estos casos se dan en su mayoría en gente adulta, más que en niños, teniendo estos últimos una posibilidad de recuperación más rápida.

El impacto familiar:

Las consecuencias emocionales de los accidentes viales no sólo recaen en quienes participan de ellos, sino también en su entorno familiar, con una fuerza que es pocas veces tenida en cuenta. Muchas veces aparece, sobre todo en los padres de chicos accidentados, un sentimiento de culpa en el que se preguntan qué habré hecho mal, o si no lo hubiese dejado salir ¿lo podría haber evitado?

Según el estudio antedicho de la Federación Europea de Víctimas de Accidentes de Tránsito, una gran mayoría de las víctimas cree que nunca va a poder vivir, ni a disfrutar como lo hacía anteriormente, en especial los familiares de accidentados que han muerto.

La clave: rápida contención psicológica

“Lo recomendable es una terapia de ayuda psicológica, además de una atención psiquiátrica con ansiolíticos y otras medicaciones en el mediano y el largo plazo. Pero lo fundamental es una atención rápida de las guardias psicológicas de las instituciones en los momentos posteriores al accidente, sobre todo si es de gravedad y con víctimas fatales”, dijo Isoba.

Algunos informes internacionales explican que este tipo de atención primaria tiene que ser inmediata para ser efectiva. Sin embargo, en la gran mayoría de los países, incluida la Argentina, la atención inmediata es insuficiente.

Muchas asociaciones recomiendan a los accidentados que estén atentos, ya que muchas compañías de seguros hacen firmar compromisos de no iniciar litigios judiciales ni reclamos en los momentos inmediatos posteriores a estos accidentes, cuando los implicados están en medio de un shock en el cual no tienen posibilidad de ser concientes de lo que firman.

Prevención:

Nuestra tarea como psicólogos desde la selección de conductores, contribuye un valioso aporte  a la prevención en accidentología. Desde hace algunos años se lleva a cabo una tarea preventiva desde la Dirección General de Licencias y Educación Vial, organismo dependiente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que es la de realizar una selección de los postulantes a obtener o renovar sus licencias de conducir. El trabajo que desde allí se realiza tiene sus antecedentes en el conocido Centro de Reconocimiento de Conductores  (CRC) que se creó en la década del ‘80 en España.  En ellos, se realiza una selección y “screening” de conductores, mediante una evaluación psicológica en la cual se descartan, en principio, patologías graves y fallas en las funciones cerebrales superiores. En el caso particular de los conductores profesionales, la exigencia es mayor y en algunos casos, si desde la DGLyEV (Dirección General de Licencias y Educación Vial) se considera necesario, estos son derivados a cuatro hospitales de referencia donde se les realiza una evaluación más completa y profunda. La evaluación consiste en una entrevista semi dirigida y dos o tres entrevistas de administración de técnicas psicodiagnósticas, tales como Test de Bender, HTP, Persona bajo la lluvia y Rorschach,  entre otros. El informe resultante es remitido al organismo que lo solicita y allí se decide si el conductor es apto o no para obtener o renovar su licencia, y en caso de ser apto, por qué período de  tiempo se lo habilita: puede ir de 6 meses a 5 años.

En Argentina contamos con formación en Seguridad Vial, pero no específicamente en Psicología del Tránsito. Esta especialidad tiene en Argentina sus antecedentes en las I Jornadas realizadas en Rosario en 2004, donde se reunieron psicólogos, ingenieros e inspectores de tránsito entre otros, y, como se expresó en las conclusiones de FEPRA, se logró darle identidad propia a la Psicología del Tránsito como campo y espacio de aplicación de la Psicología. Posteriormente, empezaron a organizarse diferentes eventos y espacios dedicados al tema, como las Jornadas de Tránsito que en breve se realizarán en San Juan.
En Argentina contamos con varios profesionales de diferentes regiones del país que están dedicados a estudiar y trabajar en el tema. Un espacio virtual de referencia lo constituye el foro de Seguridad Vial de la Fundación CENATTEV, el cual posibilita el intercambio entre los diferentes profesionales que se dedican al tema.

Fuentes:

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1111716

http://www.depsicoterapias.com/articulo.asp?IdArticulo=422

comentarios
  1. superindignadoa dice:

    A los conductores que han provocado accidentes de tráfico, por su mala conducta al volante, tal y como hizo AGD en esa carretera de Brasil, matando a dos personas, habría que juzgarlas como lo que son, ya que han causado fallecidos. Basta de tonterías de ponerles un psicólogo. Encima, tenemos que tenerle pena y compadecerlo. Pero ¿Qué hay de las personas a las que ha enterrado en plena juventud de su vida? . Para ellos, si que no hay vuelta atrás. Toda la vida de ese conductor que ha matado a alguien, debería ser un camino de angustia y remordimiento.

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