La idea de la sumisión de la mujer como mejor forma para asegurar la paz dentro del matrimonio está todavía arraigada entre nosotros.
(Inés Alberdi)

La violencia contra la mujer por parte de su pareja o ex-pareja está generalizada en el mundo, dándose en todos los grupos sociales independientemente de su nivel económico, cultural o cualquier otra consideración. Aun siendo de difícil cuantificación, dado que no todos los casos trascienden más allá del ámbito de la pareja, se supone que un elevado número de mujeres sufren o han sufrido este tipo de violencia. Estudios realizados en países por desarrollar arrojan una cifra de maltrato en torno al 20%, encontrándose los índices más bajos en países de Europa, en Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón con cifras en torno al 3%.[5]

En todas las relaciones humanas surgen conflictos y en las relaciones de pareja también. Las discusiones, incluso discusiones fuertes, pueden formar parte de la relación de pareja. En relaciones de pareja conflictivas pueden surgir peleas y llegar a la agresión física entre ambos. Esto, que podría alcanzar cotas de violencia que serían censurables y perseguibles, formaría parte de las dificultades a las que se enfrentan las parejas. El maltrato no es un concepto relacionado con esto; en el maltrato el agresor siempre es el mismo: Por definición, el conflicto es una modalidad relacional que implica reciprocidad y es susceptible de provocar un cambio. Por el contrario, el maltrato, aunque adopte las mismas formas (agresiones verbales o físicas), es unilateral, siempre es la misma persona la que recibe los golpes».[6

Perfil de mujer maltratada:


El maltrato continuado genera en la mujer proceso patológico de adaptación denominado “Síndrome de la mujer maltratada”. Este síndrome se caracteriza por:

Indefensión aprendida: Tras fracasar en su intento por contener las agresiones, y en un contexto de baja autoestima reforzado por su incapacidad por acabar con la situación, la mujer termina asumiendo las agresiones como un castigo merecido.

Pérdida del control: Consiste en la convicción de que la solución a las agresiones le son ajenas, la mujer se torna pasiva y espera las directrices de terceras personas.

Baja respuesta conductual: La mujer decide no buscar más estrategias para evitar las agresiones y su respuesta ante los estímulos externos es pasiva. Su aparente indiferencia le permite autoexigirse y culpabilizarse menos por las agresiones que sufre pero también limita de capacidad de oponerse a éstas.

Identificación con el agresor: La víctima cree merecer las agresiones e incluso justifica, ante críticas externas, la conducta del agresor. Es habitual el “Síndrome de Estocolmo”, que se da frecuentemente en secuestros y situaciones límite con riesgo vital y dificulta la intervención externa. Por otra parte, la intermitencia de las agresiones y el paso constante de la violencia al afecto, refuerza las relaciones de dependencia por parte de la mujer maltratada, que empeoran cuando la dependencia también es económica.

¿Por qué no le abandona?

La violencia se establece progresivamente en la pareja. La mujer se deja maltratar, en algunos casos, porque se considera la principal responsable del buen funcionamiento del matrimonio y cree que éste depende de sus propias habilidades para evitar conflictos y situaciones de violencia o ruptura matrimonial.

Ante los actos de violencia se culpabilizan y sienten que merecen ser castigadas por cuestionarse los valores ideológicos que sostienen la familia, por no asumir adecuadamente su papel de madre y esposa. Por eso intentan adaptarse a los requerimientos de su marido para ser aceptadas y no maltratadas, asumiendo un papel de subordinación, con las falsas expectativas de que si ella se comporta bien no dará lugar a que su marido la maltrate. “Su pareja les ha repetido tantas veces que no sirven para nada que terminan creyéndolo y se culpabilizan.” Afirma una psicóloga.

La principal razón que demora o impide el abandono de la víctima es el temor a las represalias, seguida de la dependencia económica y el miedo a perder los hijos.

Rasgos de la mujer maltratada:

- Edad: entre 26 y 40 años.

- Estado civil: casada.

- Número de hijos/as: de dos a cuatro.

- Formación: estudios primarios.

- Ocupación: parada y/o ama de casa

- Tiempo de maltrato: de 5 a 1O años (La frecuencia del maltrato es diaria o semanal).

- Los malos tratos comenzaron al inicio de la convivencia o al nacer el primer hijo o hija.

1) Las situaciones de maltrato prolongadas van minando la autoestima de la mujer.

2) Los sentimientos de la mujer hacia el agresor son ambivalentes, ya que siente hacia él rabia (en los periodos de violencia) y afecto (en los periodos de remisión de la violencia).

3) La mujer debe enfrentarse a la ansiedad que te provoca la marcha, ya que esta conlleva aceptar el fracaso familiar y hacerse cargo de los hijos/as.

4) En numerosas ocasiones, el medio la culpabiliza por el fracaso conyugal.

5) Tiene que hacer frente a las consecuencias económicas de la marcha.

6) Tendrá que afrontar la soledad, para la que pocas mujeres han sido preparadas, ya que no se las educa para vivir autónomamente y sólo se conciben funcionando ligadas a un hombre.

7) También aparece un sentimiento de indefensón, se siente desprotegida y asustada ante el temor de ser agredida de nuevo por la pareja que en numerosas ocasiones sigue acosándola.

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Perfil del hombre violento:


E l perfil del hombre violento no puede ser categorizado por variables tales como: edad, clase social, nivel educacional, ocupación, religión, lugar de residencia, etc., debido a que puede configurarse con cualquiera de las variables mencionadas, lo cual no implica dejar de reconocer que, la asociación entre algunas de ellas, puede potenciar el riesgo de conductas violentas.

Investigadores de distintos países, incluido el nuestro, han elaborado importantes aportes a fin de ir conociendo el perfil del hombre violento. En tal sentido, pueden ser consideradas, a los fines analíticos, en cinco dimensiones:

Dimensión comportamental: comprende la gama de conductas, amenazas, agresiones verbales y físicas que realiza una persona.

  • Deseo de control: vive obsesionado por ejercer el dominio entre quienes lo rodean, especialmente hacia su mujer e hijos/as. Argumentan: “yo controlo todo, para vivir bien”, en proceso de recuperación reconocen: “tenía todo bajo control porque tenía miedo”.
  • Celos: pueden convertirse en una obsesión. Sonkin señala: “Los celos deben entenderse como un indicador significativo de su potencial homicida”.
  • Doble fachada: por lo general, en público es seductor, simpático, amable, pero en la intimidad de su hogar puede llegar a ser muy agresivo y violento. No es extraño caer en la seducción de su discurso, incluso para jueces, policías, profesionales, amigos y parientes.
  • Aislamiento: impone el aislamiento social de su entorno familiar, una vez que se ha cerrado el cerco se acrecienta el dominio sobre su víctima, y no es casual que la mujer exprese que su casa se convierte en una verdadera “cárcel”, se asegura que ella no se irá quitándole el dinero, las llaves del auto y dejándola encerrada hasta que él llegue, es decir prácticamente un secuestro en el propio hogar. Una mujer relata: llegó un momento que ni al almacén podía ir, otra comenta: antes de salir me dejaba desconectado el teléfono y me encerraba en casa, estaba embarazada y una vecina me alcazaba la comida por la ventana.
  • Abuso de alcohol/drogas/medicamentos: cabe destacar que no es la causa de un comportamiento violento, a pesar de lo cual se ha comprobado una frecuente asociación, ya sea porque potencia el enojo y la peligrosidad o porque inhibe el autocontrol.
  • Repetición del ciclo de la violencia: cuantas más denuncias y episodios de violencia en períodos más cortos de tiempo, mayor peligrosidad del agresor e indefensión en la mujer.
  • Violencia hacia terceros: cuanto mayor desenfado e inhibición ante jueces, policías y terceros, más riesgo para la mujer y los/as hijos/as.
  • Violentos con las mascotas: pueden llegar a recibir maltratos a causa de la ira del agresor.
  • Violencia al volante: el auto puede llegar a convertirse en trampa mortal para sí y terceros, abusa del riesgo y la velocidad.
  • Posesión de armas: se presenta en este perfil de hombre una mayor frecuencia en la posesión y uso intimidatorio de armas de fuego, no obstante lo cual cualquier objeto hogareño especialmente los cuchillos pueden convertirse en armas mortales, como así también utizar los puños y los pies u objetos como escobas, cinturones, almohadones ( para asfixiar), hierros calientes (planchas) cigarrillos . La peligrosidad aumenta cuando ya las ha usado o ha amenazado con ellas ha su entorno íntimo.
  • Descencadenantes de la violencia: hechos triviales, que por lo general más tarde no se recuerdan.
  • No cumple las promesas: ni los pactos, tiene dificultades para acatar normas y límites, incluso los impuestos por el juez.
  • Conductas poco asertivas: es decir con dificultad para ejercer sus derechos sin atropellar los de los demás.
  • Golpes físicos: algunos con marcas imperceptibles y otros llegan a ser invalidantes (especialmente en la cabeza, en el cuello, y área abdominal durante el embarazo.
  • Cambio súbitos e impredecibles de humor: en un momento está bien y rápidamente explota. Al llegar al hogar la mujer y los niños comienzan a inquietarse porque …hoy no sabemos como va a llegar papá.
  • Destruyen objetos: principalmente aquellos significativos para la mujer y los chicos (Por.ej. romper los títulos originales de médica, abogada, destruir diccionarios y libros de texto a profesoras, juguetes a los hijos/as).
  • Espionaje: en algunas ocasiones emplea tácticas de espionaje o contrata a terceros, graba las conversaciones o desgraba el contestador telefónico, controla las salidas y las amistades de su mujer a través de sus hijos, compañeros de trabajo, familiares y amigos.
  • Autoreforzamiento del comportamiento violento: una vez iniciado se potencia a sí mismo, y no se sabe cómo puede terminar (Donald DUTTON).
  • Inmadurez: por momentos sorprende por su agresividad y en otras ocasiones por sus conductas infantiles.
  • Irregularidades en el manejo del dinero: desbordes de ganancias y pérdidas y/o estafas. Decisiones arbitrarias en la distribución de recursos, suelen no pagar con regularidad la cuota de alimentos, pero compran una computadora o proponen vacaciones en el exterior.
  • Simulacros de irse … y volver.
  • Simulacros y/o amenazas de suicidio u homicidio hacia su pareja, sí mismo e hijos/as, situación extremadamente peligrosa.
  • Amenazas: a fin de que sus comportamientos no trasciendan al exterior.
  • No concurre a solicitar ayuda: por propia iniciativa, sino a pedido del juez o ante la posibilidad de abandono por parte de su mujer o ante una situación que percibe como límite.
  • “Divide y reinarás”: utiliza la estrategia de enfrentamientos a fin de obtener beneficio personal.
  • Discrimina y genera competencia entre sus hijos/as.
  • Familia de origen: cuando la mujer intenta averiguar, especialmente en el noviazgo acerca de las relaciones entre los miembros de su familia origen evita hablar del tema o da una versión falaz.
  • Mentiras: es frecuente que sus dichos no sean ciertos, sino adaptados a su conveniencia.
  • Quiebran la conversación: pasando de un tema a otro.
  • Mensajes telefónicos: no comunica los mensajes o los borra del contestador telefónico.
  • Incapacidad de alternativas al conflicto: por lo general reacciona de inmediato y con violencia, con escasa posibilidad de recursos para soluciones pacíficas.
  • Lenguaje confuso: a fin de poder engañar y desdecirse de sus dichos.
  • Busca aliados: en su entorno hace proselitismo para su causa. Utiliza a los hijos de mensajeros o espías de las actividades de la madre. Trata de comprometer e intenta la complicidad de los profesionales y coordinadores de los grupos de ayuda mutua.
  • Usa frecuentemente el sexo: como señal de poder, recriminando a la mujer lo que en realidad son sus propias falencias y/o problemas ( insultos frecuentes: frígida, lesbiana, puta, atorranta) . El lenguaje a menudo presenta un contenido sexualizado y cosificante hacia la mujer.
  • Dificultades y conflictos en el ámbito laboral: con sus compañeros y/o personal jerárquico.
  • Selecciona a la víctima: escoge el lugar y forma de ataque.
  • Recurre al acoso: como una manera de tomar contacto con la víctima, y hasta persigue a la mujer en el trabajo o cuando está con sus amistades o nueva pareja.
  • Anónimo: no siempre se identifica, a veces, recurre a terceros para enviar mensajes, o recurre a llamados telefónicos anónimos (o llama y cuelga), o envía misivas sin firmar.
  • Regalos: obsequia regalos de manera interesada, inoportuna, y para lograr el perdón

Dimensión Psicodinámica: comprende las esferas psíquicas, conscientes e inconscientes. Integran esta dimensión los afectos, los sentimientos y las emociones.

  • Baja autoestima: se sienten inseguros, tanto en el papel de hijos como en el de padre, amante y/o esposo.
  • Pensamiento mágico: proyectos irreales, faraónicos, muchos de los cuales terminan en frustraciones. Cuando ingresan a un grupo psicoeducativos pretenden solucionar su problema con la violencia de manera rápida y definitiva.
  • Expectativas irreales: esperan que sus esposas e hijos cumplan con sus deseos no explicitados, tienen dificultades para verbalizar sus sentimientos, y luego están, como ellos mismos, dicen “decepcionados”. (Por ejemplo planifican un viaje sin consultar a su esposa, y querer darle una sorpresa o comprar algo que no condice con lo que ella desea).
  • Dificultad para expresar sus sentimientos: en algunas ocasiones lo hacen a través de sus conductas, “desde que se fue no fumo, no duermo bien..”.
  • Desarrolla largos monólogos: pueden durar varias horas, especialmente en horarios nocturnos, pregunta y se contesta a sí mismo, no espera una respuesta, no escucha pese a decir que desean dialogar, se tornan situaciones prolongadas peligrosas e irritantes. Puede llegar a ser con el tiempo muy destructivo a nivel emocional para la víctima. Doble mensaje: “te hablo, te ignoro”. Aparentemente busca una solución consensuada, pero no se apartan de su rigidez conceptual.
  • Omnipotencia: ¿Para que vas a ir al médico, si nadie te conoce como yo?. “Lo digo yo y basta”.
  • Narcisismo: “se mira en el espejo y dice: mirá que lindo que soy tengo los ojos celestes, en cambio vos estás cada vez peor”.
  • Obsesividad: “Cuando llegaba a casa, lo primero que iba a controlar era que los soldaditos de colección estuvieran alineados”.
  • Emocionalmente empobrecido y vulnerable.
  • Gran capacidad de persuasión.
  • Dependencia emocional de la mujer: esta dependencia puede ser fatal cuando la mujer decide abandonarlo: “ella es todo para mi, si se va no respondo de las consecuencias”.
  • Depresión: es frecuente que sufran estados depresivos.

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Canción del grupo “Amaral” dedicada a las mujeres golpeadas.

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Comentarios
  1. ESTE VIDEO VA DEDICADO A TODAS LAS MUJERES QUE SUFREN EN SILENCIO EL MAL TRATO ,LAS QUE LLAVAN POR AÑOS COMO COMPAÑERA ETERNA,Y FIEL PARA ELLAS QUE DIOS TARDA PERO NO OLVIDA.

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